lunes, 27 de enero de 2014

PATIO DE LA CASA MORA CALLE VELARDE Nº 8




En la calle Velarde número 8 se halla uno de los patios que encontramos en muchas casas isleñas. Estos patios son una herencia de nuestro pasado andalusí que tantas maravillas  ha dejado en nuestra cultura. Este diseño de arcos en el fondo del patio, en el que el central es la escalera de acceso al piso alto y los laterales dan paso a un patio interior, se repite en otras casas que hemos visitado ( ej. calle Real nº 158, ver última foto de esta entrada)


 Se trata de un patio de líneas sencillas en el que probablemente existiera un pozo de aljibe.
Tras la restauración se han perdido los suelos originales pero aún muestra su diseño primitivo.


Como en otras casas de nuestra ciudad, tras el patio de la entrada se encuentra un segundo patio menos vistoso y que sirve para dar luz a las dependencias interiores.




Patio de la casa nº 158 en la calle Real.


2. La casa con patio
La casa con patio es la que mejor se adaptaba tanto a las caracte-
rísticas medias de la franja climática por la que se extendió el Islam,
como a sus normas religiosas y sociales que exigían la permanencia de
la mujer en la intimidad de la vivienda, donde residía el tipo de
familia extensa, compuesta por varias generaciones, propio de las sociedades
orientales.
El patio, denominado en árabewast al-dar(=centro de la casa) era
el eje de la vida familiar, servía para comunicar, iluminar y ventilar todas
las habitaciones de la vivienda y hacía posible limitar al mínimo los vanos
al exterior. Ocupaba la parte central de la parcela en la casa urbana, cre-
ando un microclima que refrescaba el ambiente gracias a la evaporación
que se producía en las albercas o las zonas ajardinadas situadas en su cen-
tro, mientras que durante el invierno protegía del viento. Era un lugar
de estancia, donde se realizaban muchas de las tareas diarias y se acce-
día a las otras dependencias habituales: cocina, letrina y salón. Éstos últi-
mos tenían un uso polivalente, pues se utilizaban como lugar de reunión,
comedor, dormitorio, e incluso trabajo, lo que implicaba un mobiliario
reducido y fácil de mover. En la casa rural la posición del patio solía ser
lateral, pues solo había crujías en dos o tres lados, y se empleaba tam-
bién como corral.
Para garantizar la privacidad era imprescindible además que desde
la puerta de acceso a la calle, cuando estuviese abierta, no se viese el inte-
rior del patio. Esto se consiguió sustituyendo el zaguán preislámico, con
dos vanos alineados, por otro en recodo, donde la visión directa fuese
imposible. Las servidumbres de vistas también afectaban a la posición de
la puerta de la casa, que no debía estar enfrente de la del vecino, y a las
plantas altas.
Fragmento de la obra: 
"La casa andalusí: un recorrido a través de su evolución", de Antonio Orihuela.



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