martes, 26 de septiembre de 2017

PINTURAS EN EL CONVENTO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA TERESA DE JESÚS





En esta entrada nos centramos en las pinturas que están situadas en el salón de actos del convento del Carmen; ya hemos visto en la publicación sobre la Iglesia conventual, las pinturas que se encuentran dentro del templo. Existen otras obras en el convento que aún no hemos podido fotografiar. Con motivo de la conferencia que tuvo lugar en este salón el día 21 de septiembre de 2017, dentro de los actos del 24 de septiembre, sobre la figura del Diputado en Cortes por Aragón en las sesiones celebradas en 1813,  D. Isidoro de Antillón y Marzo, tuvimos la oportunidad de hacer las fotografías de estas pinturas, fotos de poca calidad porque no tuvimos la precaución de llevar la cámara adecuada.


Acceso a la galería desde el claustro.


Galería que comunica el claustro y la puerta reglar con la sacristía.

El salón de actos tiene dos entradas, una desde el lateral del claustro y otra desde la galería que hemos visto en la foto anterior. Esta galería se divide en tres tramos mediante dos arcos de medio punto sobre pilares. El primer tramo accediendo desde el claustro, se encuentra cubierto con bóveda de cañón con lunetos, fruto de la restauración realizada en 1997, ya que anteriormente era de techo plano. El siguiente tramo que da acceso a la escalera se cubre también con la misma bóveda con arcos fajones que se apoyan en una cornisa con ménsulas.El último tramo presenta bóveda de aristas y decoración de yesería. 


En el suelo de la galería entre la puerta reglar y la entrada al salón de actos. Escudo de la Orden Carmelitana; otro escudo, con el anagrama mariano está en el suelo delante de la puerta de la sacristía.
El coro bajo, frente a la puerta reglar, se encuentra muy transformado. No conserva nada de su primitiva arquitectura, sobre todo desde que fue capilla del Santo Entierro, que abarcaba desde la puerta reglar hasta el fondo del coro bajo. En la actualidad, como ya hemos comentado, es el salón de conferencias o salón de actos del convento.


Niño dormido sobre la cruz, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (85 x 113 c.) fue realizada para ocupar el banco de la Inmaculada Concepción, actualmente del Santo Entierro. Hoy día se encuentra en la galería, sobre la puerta de entrada al salón de conferencias, en un arco bajo la bóveda. Fue adquirido en 1859. Fue restaurada en 1997. Representa al Niño dormido sobre la cruz en un montículo que imita el Calvario. Viste túnica azul claro y va descalzo. Junto a la cruz aparece la corona de espinas y cinco querubines velan el sueño del Niño. 


Inmaculada Concepción, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (102,5 x 73 cm.), con un espléndido marco tallado y dorado, se puede encuadrar en la primera mitad del siglo XIX. De pintor anónimo que ha seguido las directrices de Murillo y sus seguidores en este tema iconográfico. Se ha representado a la Virgen sobre el mundo, pisando la serpiente y apoyada en la media luna característica, vestida de blanco y azul, colores inmaculistas, según las normas que al respecto diera Francisco Pacheco del Río. Como es habitual, aparece rodeada de ángeles que portan atributos marianos: puerta, estrella, espejo, rosas, lirios, palma, barco, etc...Dos ángeles portan en la parte superior una filacteria donde se lee: TOTA PULCHRA EST MARIA.


Descendimiento, anónima, siglo XIX.

En este salón de conferencias encontramos cuatro pinturas que pertenecieron a la antigua capilla del Santo Entierro, que, como ya hemos comentado,  se encontraba en este mismo lugar. Las pinturas son: Descendimiento, Crucifixión, San Juan Evangelista y Magdalena, todas del siglo XIX, de mediana calidad y solo una está firmada.

El Descendimiento es junto a San Juan Evangelista, una de las mejores pinturas de este conjunto desigual. Esta pintura (147 x 107 cm.) se inspira en la obra de Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes. En la obra del Carmen se ha invertido la composición. La pintura se resuelve  a través de una diagonal cuyo centro lo constituye la figura de Cristo (punto de interés) ya desclavado de la cruz. Los santos varones descuelgan a Cristo, que es recibido por Juan y las tres Marías a los pies. El colorido está bien armonizado, destacando los rojos de San Juan y azules de la Virgen y la Magdalena. El tema fue escogido por la Hermandad por ser el momento previo al entierro. 


 Crucifixión, anónima, siglo XIX.

La pintura (148 x 106 cm.) forma pareja con la anterior y es el momento previo a la muerte de Cristo, es una obra meramente devocional sin valor artístico.  Muestra a Cristo crucificado sobre el Gólgota;  al fondo se esboza la ciudad de Jerusalén; el cielo muy oscurecido siguiendo el relato evangélico.


San Juan Evangelista en Patmos, J. Márquez, siglo XIX.

Esta pintura (106 x 82 cm.) formando un óvalo, es una de las mejores pinturas decimonónicas del convento. Fue restaurada en 1998. Forma pareja con el lienzo de la Magdalena de la misma forma y medidas. Aparece un San Juan desterrado en la isla de Patmos, como se aprecia en el paisaje rocoso y los acantilados. Fue en este lugar donde escribió el Apocalipsis.  El apóstol está sentado, en teatral actitud, como si estuviera recibiendo la inspiración divina. Le acompaña como atributo característico el águila que sirve de atril al santo para escribir y porta la pluma en la mano derecha y un pliego en las rodillas. Sobre el suelo aparecen libros esparcidos. Se le ha representado joven y con barba. Vestido con túnica verdosa y manto rojo. Debajo del águila se encuentra la firma del autor que no se ha podido identificar.


La Magdalena, anónima, siglo XIX.

La pintura (107 x 80 cm.) es de mucha menor calidad que su compañero anterior. Representa a la discípula de Jesús según su iconografía habitual y que podemos ver también en la pintura del mismo tema situada en el ático del retablo de San Francisco.
Aparece como penitente en el interior de una gruta, en actitud de súplica. Su cabellera rubia cae sobre un velo blanco sobre los hombros. La túnica azul completa la indumentaria. Se apoya en una roca donde aparece la calavera, un libro y el tarro de perfume, sus atributos más usuales. 


Pintura en el ático del retablo de San Francisco. Iglesia del Carmen.


Santa Rita, anónima, segunda mitad siglo XIX.

Esta pintura de Santa Rita y una de San Rafael, fueron adquiridas en 1863 y 1870 respectivamente, por el padre Almeyda para el templo carmelitano. La pintura de Santa Rita (162 x 122 cm.), restaurada a finales del siglo XX. Representa a la santa de pie rodeada de nubes con ángeles que portan atributos relacionados con la vida de la monja agustina. Viste el hábito de la orden y porta en su mano un crucifijo al que dirige la mirada. La pintura se caracteriza por una pincelada suelta, así como un dibujo correcto. En la gama cromática prevalecen los ocres y oscuros, destacando solo los azules de la parte superior y los dorados que rodean la figura. Esta pintura se encontraba en uno de los muros de acceso a la capilla del Sagrario. 


San Pedro, Carmen Moreno Sánchez, 1888.

La pintura de San Pedro (111 x 82 cm.) está firmada en el ángulo superior derecho por Carmen Moreno y Sánchez, 1888. Pintura inspirada en otra del mismo tema que se encuentra en la Iglesia de San Francisco debida a Muñóz de la Vega. Representa al santo de medio cuerpo, con la cabeza elevada dirigiendo la mirada a las alturas manteniendo el tipo rudo y fuerte que representa al apóstol. Entre las manos las lleves del Reino de los cielos. Es una pintura de colores vivos. 


San Blas, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (93 x 74,5 cm.) es de escasa calidad, más bien es una obra devocional que presenta la inscripción: "S. Blas OB. Mr.". Aparece representado con atributos episcopales como la mitra y el báculo, ya que fue obispo de Sebaste en Armenia, y la palma, debido a su martirio en tiempos de Diocleciano. 

Estas pinturas fueron adquiridas por el padre Almeyda en la década de los ochenta del siglo XIX.


San Pablo, Agustín G. Lobatón,  1881.


La pintura de San Pablo (111 x 82,5 cm.) presenta una gran fuerza expresiva. El apóstol viste un manto ocre y porta un libro haciendo referencia a las numerosas cartas, y una espada símbolo de su martirio. Aparece anciano, con el cabello y la barba largos. 



San Jerónimo, Agustín G. Lobatón, 1881.


Pintura (111 x 83 cm.) dedicada a uno de los grandes padres y doctores de la Iglesia, traductor de la Biblia hebrea y griega al latín, denominada la Vulgata, que concluye en Belén, lugar donde muere en 420. Se retiró al desierto de Siria y vivió como anacoreta, y es esa la imagen que se representa en la pintura. Aparece de medio cuerpo, semidesnudo, envuelto en un manto rojo que le cubre también la cabeza; se le representa anciano, con larga cabellera y barba blancas, dirigiendo la mirada hacia la izquierda. La mano izquierda sobre el pecho y un libro en la derecha que representa la Vulgata. Le representan otros signos como la cruz y la calavera.

Estas dos pinturas presentan la siguiente inscripción en el reverso: "Propiedad de Sor. Dn. Agustín Geronimo Lobatón y de sus herederos. Julio 16,1881". A esto se une la firma que poseen en la parte inferior de ambas: "Agustín G. Lobaton 1881". Se trata de uno de los bienhechores del Carmen, hay una imagen de santa Filomena, hoy día situada en el antecoro que también es de su propiedad. 
En estas pinturas coinciden autor y propietario, pudiéndose tratar de un pintor aficionado destacable, pero no figura entre los pintores decimonónicos gaditanos que se conocen. Dota sus obras del realismo que aparece en obras del último tercio del XIX.


Santa Lucía, escuela napolitana, siglo XVII.

Pintura (70 x 57 cm.) al óleo sobre lienzo de gran calidad. Estuvo situado en una de las pilastras del templo como aparece citada en el inventario de 1856 y 1879. En la parte posterior del lienzo hay una inscripción: "Este cuadro y Sta. es de Dª. Mª. Bn. Del Alcázar y Barrios la que pone para que tenga Culto por el tiempo de su boluntad y la de sus herederos en este altar de Ntra. M. de los Dolores por ser propio de su primo Dn. M.orario Máques de Gracia Alegre y capitán de Fragata de la Real Armada". 
Las características de la obra permiten encuadrarla dentro de la escuela italiana, concretamente de la napolitana. Representa a la santa casi de medio cuerpo, inclinando la cabeza hacia atrás en un movimiento leve y elevando la mirada hacia arriba. Sostiene en sus manos el atributo habitual de su iconografía: un plato con los dos ojos que recuerdan su martirio. La santa aparece ataviada con vistosas telas. la luz que ilumina la pintura aparece desde arriba por el lado derecho hacia el que mira la figura. Fue restaurada a finales del siglo XX. 


San José, escuela genovesa del seiscientos.

Otra pintura excepcional, que forma conjunto con la anterior, es la de San José. Se ha representado al patriarca de medio cuerpo, con la cabeza elevada dirigiendo la mirada hacia arriba. Porta la vara florida en la mano derecha, y apoya la izquierda en el pecho en señal de adoración. La luz llega de la parte superior. El santo está representado en edad madura, con cabello y barba canosos. Viste túnica azulado, abierta en el pecho, y manto ocre que se recoge bajo en brazo izquierdo. Esta pintura (76 x 64 cm.) está encuadrada en la escuela genovesa del seiscientos. 


San Ignacio de Loyola, anónima de finales del siglo XVII.

Fundador de la Compañía de Jesús, canonizado el mismo año que San Felipe Neri, 1622. En su iconografía se representa siempre con la frente clava, nariz afilada y aguileña y barba rasurada. En este lienzo mira directamente al espectador. Viste la usual sotana negra y porta un libro donde aparecen los atributos más característicos de la compañía: el IHS rodeado de rayos y la divisa AD MAIOREM DEI GLORIAM. El libro puede aludir a las reglas de la compañía. 


San Felipe Neri, anónima de finales del siglo XVII.

San Felipe Neri es el fundador de la congregación del Oratorio. Viste sotana y camisa blanca. En su iconografía suele aparecer en éxtasis, y así aparece en esta pintura, mirando al cielo. Cabello y barba corta blancos. Las manos en el pecho en señal de adoración están magistralmente tratadas. 

Estas pinturas fueron adquiridas por el padre Almeyda en noviembre de 1870, según consta en el libro de gastos. Las pinturas fueron ampliadas de su tamaño original como se aprecia claramente en los lienzos, posiblemente para hacer conjunto con otras que ocuparon pilastras en el templo. Ambas pinturas (98 x 74 cm.) pueden datarse a finales del siglo XVII, mostrando una gran maestría en la ejecución de los rostros que constituyen el centro de atención de las obras. 


Salón de conferencias. 

Debido al acto que iba a tener lugar en el salón de actos, se habían colocado las banderas y el atril con un azulejo en honor del personaje al que se dedicaba la conferencia y que fue regalado por el Ayuntamiento de Santa Eulalia del Campo (Teruel), al Ayuntamiento de San Fernando para ser colocado en la ciudad donde estuvo alojado el diputado homenajeado. También queda cubierto con la pantalla de proyecciones, un escudo de la Orden labrado en madera que decora el fondo de la sala. 



jueves, 24 de agosto de 2017

CLAUSTRO DEL CONVENTO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA TERESA DE JESÚS



El claustro es el centro en torno al cual se organizan todas las dependencias del convento. Es la pieza más bella del conjunto, considerada una espléndida obra por su equilibrio y armonía donde se supo aprovechar con maestría la luminosidad de esta tierra.  Se comenzó a construir en 1724 y se concluyó en 1730. Originalmente solo dispuso de la planta baja siguiendo el modelo usual de la orden, cuya base es el que San Juan de la Cruz construyó en Granada en 1583, donde se impuso como norma no edificar piso alto, pero en 1781 se edificó el segundo piso por necesidades de la comunidad. 
Pertenece a la nueva traza de fray Bartolomé de San Pablo, que se encargó del proyecto del nuevo convento. Este tracista supo aunar la tradición de la orden con una innegable creatividad personal, aprovechando los materiales de que disponía la comunidad gracias a la generosidad de los bienhechores. 
Se comienzan las obras del claustro bajo en priorato de fray Julián de San Joaquín (1724-1727), y corresponde al siguiente prior, fray José de la Concepción, la conclusión del magnífico claustro conventual, en el que se gastaron "tres mil quatrocientos y cincuenta pesos escudos de plata". En el coste iba incluida la decoración del mismo, que no se ha conservado, como los veintiún lienzos con la vida de San Juan de la Cruz para los lunetos y los cuatro altares con sus pinturas y frontales de jaspe. El tejado del claustro se arregló definitivamente siendo prelado fray Marcelo de San Francisco (1739-1741). 
Dos brocales de mármol con un sencillo herraje se sitúan en el centro del claustro.


Está formado por cuatro crujías que se componen de cinco arcos cada una que descansan en columnas de orden toscano de mármol blanco. Las columnas se encuentran dispuestas sobre un pedestal corrido. 


 Al exterior,  los arcos presentan una pequeña ménsula en la clave, y en las enjutas decoración de puntas de diamante. Por encima se sitúa el entablamento cuyo friso presenta sucesión de triglifos con volutas laterales, en eje con la clave de los arcos y con las columnas, y pequeños vanos circulares.


El piso alto destaca por su extrema sencillez, mostrando los parámetros tres ventanas en cada lado; se remata con una leve cornisa y la sucesión de merlones típicos de los pretiles de las azoteas de la Isla.


Cubierta de la nave central y cruz que remata el frontón de la fachada de la Iglesia. Vemos el merlón que está situado en una esquina de los pretiles del piso alto del claustro, que presenta pilar cuadrado con una pequeña moldura pintada en marrón que lo adorna; otra moldura, pintada del mismo color, más ancha, queda situada bajo la base que está rematada por un adorno terminado con una bola, como los que figuraban en la antigua fachada de entrada al convento.


El interior se cubre con bóvedas de cañón con lunetos divididas en tramos por arcos fajones, que apoyan de un lado en las columnas y de otro en una cornisa, y ménsulas de recortado dibujo geométrico. Los tramos centrales de la bóveda están decoradas con motivos geométricos de yesería. 


Altar de Santa Teresa de Jesús, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.

En el interior del claustro se disponen cuatro altares que no han conservado su decoración original, habiéndose sustituido los frontales de jaspe por azulejos sevillanos con una cartela central donde figura la imagen del titular del altar. Las pinturas que había dentro del arco se han sustituido por murales cerámicos con la imagen del titular de cada altar.


Los altares se estructuran mediante un arco de medio punto. En la parte baja sobresale la mesa de altar que, como ya hemos comentado, al principio tuvo un frontal de jaspe que en una de las restauraciones fue sustituido por los azulejos sevillanos. 


Altar de Nuestra Señora del Carmen.


Todo el claustro está rodeado por un zócalo de azulejos con motivos geométricos de inspiración mudéjar, con escudos de la orden en los que se ha insertado el escapulario.


Escudo de la Orden en el zócalo del claustro.


Altar de San Juan de la Cruz, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.

El frontal de los altares es idéntico en los cuatro que ocupan las esquinas del claustro, excepto por la imagen que figura en la cartela central que muestra al titular del altar.


En la restauración del claustro, realizada en 1997, siendo prior el P. Francisco J. Jaén Toscano, se ornamentaron tres de los altares con murales cerámicos que representan a San José, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, obras de Antonio M. Alías de la Torre y que están inspirados en las imágenes del templo. En el otro altar, se ha sustituido el frontal del Carmen por una vidriera de la Patrona de la Isla.


Altar de San José, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.


Los murales cerámicos enmarcan la imagen del titular, siguiendo el hueco de medio punto, con una moldura cerámica cargada de motivos vegetales similares a los del borde del frontal de la mesa de altar.


Cubierta de la bóveda central y nave del crucero.

El convento de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús ocupa el centro de la Isla, así quedaba explicado en un informe elaborado en abril de 1751 por el prior fray Juan de San Andrés con vista a cumplimentar los datos solicitados por la denominada junta para la única contribución: "El sitio de este convento está colocado en el centro mismo de la Ysla por quanto dista un quarto de legua de el Puente de Zuazo y otro quarto de legua de la Alcantarilla que por la longitud de los dos extremos que la siñen: Y que por la latitud se halla dicho convento en ygual distancia de las orillas de el mar de la Baía de Cádiz, entre Poniente y Norte, y, por entre Oriente y mediodía, de el Río grande nombrado de Sancti Petri que baxa a yncorporarse con dicha Baya por el Puente de Zuazo; pero, aunque por dicha situación está en el referido centro, es, no obstante, casi el último de esto que se llama poblado porque, aunque desde el convento hasta la referida Alcantarilla ay algunas caserías bastantemente separadas unas de otras, en el conjunto de las casas es casi la última como queda expresado".



martes, 22 de agosto de 2017

IGLESIA CONVENTUAL DEL CARMEN




Fachada del templo, terminada hacia 1718. Vinculada a fray Bartolomé de San Pablo.

La fachada del templo carmelitano de la Isla ya estaba levantada en 1718 y es un claro ejemplo del tipo de edificios que distingue el estilo de la orden de los carmelitas descalzos.
La fachada muestra dos cuerpos notablemente diferenciados. El primero se articula en tres calles mediante pilastras de orden toscano apoyadas en resaltos y que culminan en el entablamento; las calles se corresponden con las tres naves del interior. El segundo cuerpo está formado por el frontón recto en el que se sitúa un óculo central, rematado con una cruz y por la espadaña en uno de los lados.  Construida con piedra de cantera del lugar. La nueva iglesia conventual fue inaugurada el día 2 de febrero de 1733. 


Se puede asegurar que fue el tracista fray Bartolomé de San Pablo el autor de los planos de la nueva planta del nuevo convento, encargándose de las obras desde 1724 y contando con Juan de San Román como maestro de obras. La designación de Juan de Isla como titular de la mitra gaditana en 1678 resulta decisiva para el establecimiento de los carmelitas descalzos en la diócesis. Su primera intención fue crear la fundación en Cádiz, pero tras un exhaustivo estudio de las posibilidades, opta por hacerlo en la Isla de León.  


La espadaña se compone de dos cuerpos apilastrados que conforman tres vanos de medio punto; el superior, enmarcado por baquetones, está rematado por frontón curvo y un pedestal terminado en bola.


Detalle de la espadaña con el nido de cigüeñas.


Una vez que el mitrado Juan de Isla se cerciora de la viabilidad del proyecto por el volumen de población y la existencia de un solo clérigo adscrito a la parroquia, recorre la zona en busca del lugar idóneo donde levantar las primeras edificaciones para la fundación. El sitio elegido fue un terreno situado junto al Camino Real, una heredad abandonada perteneciente al clérigo Juan Mateo Amador, residente en Cádiz y que se encontraba en una difícil situación económica. Se otorga escritura de venta el 2 de agosto de 1680 ante el escribano Lucas de Molina, el precio estipulado asciende a 1000 pesos escudos de plata de 12 reales cada uno, con la carga perpetua de 7 ducados anuales en favor del Duque de Arcos como señor de la Isla de León, que pide además que el convento lleve el título de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús.



Fotografía tomada desde la parte trasera.

Unas semanas después, el 26 de agosto de 1680, el obispo Juan de Isla firma, ante el mismo escribano,  una escritura de donación en favor de los carmelitas descalzos. Se imponen una serie de condiciones para hacer efectiva la donación: Obliga a la orden a fundar un hospicio en el plazo de tres años, manteniendo un mínimo de seis religiosos en la comunidad, así mismo se harían cargo de la parroquia de forma provisional en caso de fallecimiento, enfermedad o ausencia del vicario. Añade que en el plazo de seis años el hospicio debe ser transformado en convento, en caso contrario los beneficiarios serían los agustinos establecidos en Chiclana, Medina Sidonia y Cádiz. Si ellos tampoco se hicieran cargo pasaría a los jesuitas. 


Fotografía publicada en el libro "El Carmen de San Fernando"

Solo con ocasión del derribo de las casas colindantes se pudo ver el lateral de la iglesia donde podemos apreciar la nave del crucero y la parte que sobresale donde está actualmente el altar de la Virgen del Carmen que fue la capilla del Sagrario.

Fueron seis los religiosos que se hicieron cargo de organizar la fundación, fray Antonio de la Trinidad, fray Francisco de San Elías, fray Juan de Jesús, fray Pedro de la Visitación, fray Diego de la Encarnación, y el hermano lego fray Miguel de los Reyes, que estuvieron hospedados durante dos semanas en Cádiz, en casa del capitán Jacinto Serrano. Luego se incorporaron al grupo fray Juan del Santísimo Sacramento y fray Pedro de San Bernabé. Se constituye así la primera comunidad del hospicio carmelitano de la Isla de León. 
Resultaron decisivas las aportaciones de los bienhechores para el sostenimiento de los religiosos y los gastos de las obras del hospicio, entre los que se encontraban ricos genoveses vinculados al tráfico mercantil. Dichas aportaciones junto a las limosnas de los devotos, los donativos por misas, entierros y otros servicios, y los beneficios obtenidos años más tarde con los arrendamientos de las casas de que fue disponiendo la comunidad, son la fuente de ingresos del convento. En 1792 se establece en este convento el colegio de Teología, dado el estado de pobreza que estaba pasando el convento de Carmona donde se encontraba el colegio hasta este momento. Este hecho  engrandece de manera considerable los fondos de la librería del convento que ya contaba con una flamante biblioteca que se conserva actualmente, a pesar de la ocupación de las tropas en 1810 que provocaron tantos desperfectos en todo el edificio, y sobre todo, por el incendio de 1814.


Fotografía publicada en el libro "El Carmen de San Fernando".

La biblioteca conventual se encuentra en la segunda planta del edificio al que se accede por la llamada "escalera del presbiterio", realizada en el trienio de 1754- 1757, que fue remodelada en 1996, conservando la baranda de forja de finales del setecientos. La biblioteca está situada sobre el antiguo coro bajo.


La piedra ostionera con la que está construida la fachada, debido a su porosidad, que la hace deleznable y dificulta la labor de los sillares, requiere un proceso de enlucido y posterior teñido en rojo o similares. De ahí que veamos en la fotografía anterior la fachada de color oscuro.

El prelado de la diócesis gaditana Juan de Isla,  obligaba en la escritura de donación, como ya hemos comentado,  a los carmelitas a convertir el hospicio en convento en el plazo de seis años, y se cumplió ya que en 1685 obtiene el rango de priorato, pero no sería hasta 1687 cuando a fray Tomás de la Madre de Dios se nombra primer prior del convento de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús.
Durante el trienio de mandato del cuarto prior del convento, fray Fernando de San Antonio, elegido en 1694, se desarrolla una intensa labor que se manifiesta en proyectos de envergadura como el inicio de las obras de la nueva iglesia.


Fotografía del archivo de Quijano de principios del siglo XX.


En esta fotografía podemos ver la antigua fachada de entrada al convento, que lamentablemente no fue respetada al hacer las reformas del Liceo. Estaba realizada con los mismos materiales que la fachada del templo con la que formaba un ángulo recto. Costaba de dos cuerpos con la misma solución de pilastras, pero formando un vano adintelado en cuya clave central se encontraba el escudo de la orden, lo único que se conserva. El segundo cuerpo constaba de una hornacina avenerada para albergar una imagen. Estaba terminada con un pretil  rematado con pedestales con bolas. Los típicos merlones de la Isla y unos de los primeros en construirse.


Fotografía aérea en la que podemos apreciar perfectamente la planta de cruz latina de la Iglesia. A la izquierda vemos el claustro del convento. A la derecha de las viviendas colindantes con la Iglesia, aparece en la imagen un tramo de la calle Carmen.


Otra fotografía aérea más reciente, ya las casas colindantes al templo han sido remodeladas, conservando solamente la fachada.



La portada está situada en el centro de la fachada, y está configurada dentro de pilastras y frontón alto partido, con bolas en las esquinas sobre resaltos. La puerta está entre pilastras terminadas en arco de medio punto. En la clave del arco se encuentra el escudo de la orden y en las enjutas unos sencillos motivos vegetales, completándose la decoración con unas placas rectangulares en el friso.


En las construcciones carmelitanas predomina la sencillez. Santa Teresa gustaba de edificaciones seguras y sólidas para la consecución del recogimiento interior, para lo que fue indispensable la aportación de los tracistas y maestros de obras de la orden. Éstos eran formados dentro de la misma corriente y algunos podrían haber tomado ideas de las nuevas corrientes estéticas.


Los clavos de la puerta están decorados con el escudo carmelitano.


A lo largo del siglo XVIII, la incorporación de la población a la corona en 1729, y la potenciación de las actividades navales, Real Carenero y Arsenal de la Carraca, que influyen de manera decisiva en el crecimiento demográfico, son el revulsivo del desarrollo de la Isla de León. Se construyen numerosas viviendas que amplían el casco urbano y se levantan grandes edificaciones como la nueva iglesia del convento de San Joaquín y Santa Teresa y se ponen en marcha las obras del consistorio. Esta transformación de la Isla de León tiene una incidencia directa en la evolución del convento carmelitano. Se establecen fuertes lazos con la Marina, que juega un papel decisivo en la vida de la población. Destacan muchas personalidades que se hacen cargo del patronato de las capillas del nuevo templo, con lo que la orden obtiene grandes beneficios que repercuten en el engrandecimiento del templo y el nuevo convento.


Escudo de la orden situado sobre la clave del arco de la puerta.


Pero no todo sería bueno en la trayectoria de la comunidad a lo largo del siglo XVIII. El asalto y saqueo de la escuadra anglosajona a varias poblaciones de Cádiz en 1702, y las trágicas secuelas de la epidemia de fiebre amarilla de 1800, son parte de los sucesos que perturban la vida de los carmelitas. Los religiosos se vieron obligados a abandonar el convento y huir a poblaciones del interior llevándose lo que pudieron de valor para salvarlo de las manos de los agresores. La fiebre amarilla se llevó a ocho padres y cuatro hermanos de la orden. Volverían a tener problemas en 1835 cuando se promulga el decreto de extinción de los conventos con menos de 12 religiosos profesos, detalle que no afectaba al convento carmelitano isleño por tener suficientes frailes, pero por precaución, ya que las juntas locales revolucionarias escapaban al control central, el 18 de agosto de 1835 se lleva a cabo la exclaustración en tierras andaluzas y dos días más tarde la de los descalzos de San Fernando.



Obra de Cayetano de Acosta, Virgen del Carmen, 1748.

El segundo cuerpo de la portada repite a menor escala en inferior y presenta una hornacina avenerada que cobija una imagen de mármol de la Virgen del Carmen. Está rematado con frontón curvo y cruz central con bolas a los lados. A ambos lados del cuerpo se encuentran sendas volutas que se sostienen sobre pequeñas ménsulas.  En el contrato con el artista se especifica la entrega del bloque de mármol y cómo debe ser la escultura: "Ntra. Madre y S. del Carmen, con un niño en los brazos y con una nube con tres serafines que le sirvan de trono a sus pies". La Virgen lleva el hábito carmelitano y coge al niño con el brazo izquierdo mientras muestra en la mano derecha el cetro. El niño lleva en su mano izquierda un escapulario. La obra fue un encargo de fray Juan de los Reyes, uno de los prelados que procurará gran parte de las esculturas del templo. 


Las dependencias conventuales de San Fernando estuvieron dando albergue a la tropa nacional hasta octubre de 1813, fecha en la que fueron desalojadas al habilitarse el templo para sesiones de las Cortes. El prior de la comunidad fray José de San Ambrosio traslada al concejo su oposición por los trastornos que causa al normal funcionamiento de los actos de culto. Quejas infructuosas ya que las sesiones comenzaron el 14 de octubre de 1813 y se prolongaron hasta el 29 de noviembre del mismo año. Si duda, el decreto de mayor trascendencia es la concesión a la Villa de la Real Isla de León del título de Ciudad de San Fernando, promulgado dos días antes de concluir sus tareas las Cortes generales y extraordinarias en la antigua villa.


Placa colocada con motivo del bicentenario del nombramiento. 


Placas situadas en la fachada del templo. 

La Historia de la Isla en sus Placas. Blog de Carlos Facio.


Lateral que coincide con la nave del evangelio, a la izquierda de la Iglesia.


Ventana rematada con frontón curvo adornado con bolas como el frontón de la hornacina central.


Placa situada en la fachada del Colegio Liceo Sagrado Corazón.


Entrada al Colegio de los Padres Carmelitas.


Este es el aspecto actual de la entrada a lo que fue el convento.



Fragmento de una fotografía de Quijano en la que podemos ver la antigua fachada del convento de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús.


Cuando se concluyó la edificación del templo y pocos años después se culminó el convento, no había en la población ningún edificio de tanta relevancia. A esto se une el espacio en torno al convento, como la plaza donde se ubica y la configuración de las casas y calles que lo rodean. La plaza delantera era de gran importancia para realzar el edificio, y el aspecto definitivo lo adquirió una vez terminado el templo y realizada la portería del convento, en ángulo recto con la fachada de la Iglesia.
La plaza se concluye gracias a un acuerdo de la comunidad de carmelitas descalzos con José de Leiza y la Tixera por la aportación de ambos de unos terrenos. Se configura de este modo el principal espacio urbanístico y arquitectónico de la Isla de León en el Camino Real, que ocuparía toda la zona actual de la Plaza del Carmen, presentando una estructura cuadrangular de grandes dimensiones.



Cancel de entrada al templo, 1733-1736.

La obra de carpintería de mayor envergadura dentro del templo es el cancel de entrada que se hizo entre 1733 y 1736. Es una obra de planta rectangular con dos puertas laterales más pequeñas y dos grandes puertas centrales, éstas con cuatro vanos acristalados que tuvieron el escudo de la orden pintado, en la actualidad son cristales sin decoración. El tallado está hecho mostrando cuarterones, dejando espacio para las dos cartelas con el escudo de la orden y en las dos laterales con motivos relacionados con Santa Teresa, titular del templo. 


Fotografía de Diego Bernal Bugatto.


Escudo de la orden tallado en el centro de cada una de las dos puertas centrales del cancel de entrada al templo.


Puerta lateral del cancel de entrada con escudo relacionado con Santa Teresa.


Pilas de agua bendita, escuela genovesa, en torno a 1700.


Las pilas están realizadas en mármol negro excepto el ángel que es de mármol blanco y la cruz en rojo situada en una cartela sobre la concha. Se encuentran adosadas al muro, una a cada lado de nave central.


Tienen un pie de forma bulbosa, una gran concha o venera, de perfil muy recortado, gallonadas en el exterior y con dos cabezas de querubines en los extremos. 
Existen otras dos pilas, una en la sacristía y otra en el coro,  del mismo estilo, más pequeñas y sin pie. 


Pila de agua bendita a la izquierda de la nave central, sobre la primera columna que separa de la nave del Evangelio. Las bases de las columnas mantienen los sillares de  piedra ostionera a la vista, sin enlucido ni pintura por encontrarse dentro del templo y estar menos expuestos a las inclemencias del tiempo.


La iglesia conventual muestra un esquema habitual en las iglesias carmelitanas, con planta de cruz latina y naves laterales. El crucero es espacioso, ampliando sus brazos hasta la anchura de las naves laterales. La nave central se compone de cinco tramos y se cubre con bóveda de cañón con lunetos que alternan con arcos fajones asentados sobre pilastras de orden toscano.


Planta de la iglesia y convento.

En el interior del templo se combinan perfectamente la estética barroca y la elegancia y rotundidad de la estética clásica. En el alzado hay que destacar el juego de pilastras adosadas a lo largo de los pilares y paramentos. Los pilares de orden toscano o pseudo-dórico, muy usuales en el siglo XVII.



A lo largo de la bóveda de cañón se suceden recuadros con esquinas acodadas para albergar pinturas murales, todas dedicadas al profeta Elías.



Las pinturas de la bóveda central, de mediana calidad,  son siete escenas realizadas por un anónimo pintor que trata con ingenuidad y simplicidad los temas. La serie se inicia a los pies del templo, en la pintura que se sitúa sobre el coro alto y concluye en el crucero. Son pinturas de tonalidades oscuras y en ellas aparece el profeta Elías vestido con la indumentaria que le caracteriza, túnica y manto rústicos realizados con pieles de animales, policromados con los colores de la orden, marrón y blanco marfil. 


La decoración más barroca se concentra en las pechinas de la bóveda semiesférica que cubre el crucero. Las pechinas albergan cuatro óvalos con las pinturas de los cuatro evangelistas, que fueron concluidas para la inauguración del templo en 1733. Las pinturas representan a los cuatro evangelistas con los atributos usuales de su iconografía. Parecen obras de mayor calidad que el resto de pinturas murales del templo.



El crucero se cubre con una bóveda semiesférica dividida en ocho secciones mediante otros tantos pares de fajas radiales, presentando alternativamente una ventana en cada tramo que se corresponde con las pechinas, rematándose con una linterna. La cubierta se apoya sobre unas pechinas con profusa decoración y una gran cornisa que sirve de base al conjunto. 
La decoración es muy abundante, basada en hojas de acanto y roleos, conformando guirnaldas que recorren toda la base de la cubierta; en la cornisa aparecen ménsulas donde alternan cabezas de querubines. En la bóveda se reduce la decoración, limitándose su interior a unas molduras geométricas en las ventanas.


Sobre el arco toral del presbiterio, y centrando la decoración, se halla un majestuoso escudo de la orden asentado sobre una venera y rodeado de una ampulosa decoración vegetal. Está rematado con una corona de yeserías y la mano de Elías con las estrellas marianas en labores de forja.


La solería del templo es de mármoles de dos tonos, blanco y gris. La venta de las capillas y bóvedas de enterramiento eran una importante fuente de ingresos a partir de 1733 en que concluyen las obras y se inaugura el nuevo templo carmelitano. La Comunidad cede a la cofradía de Nuestra Señora del Carmen para bóveda de enterramiento una escritura en la que consta el sitio y las dimensiones de la misma. El lugar es la nave central y las dimensiones se dice: " ocho varas y media desde la nabe mayor hazia la puerta principal y nuebe varas y media de ancho que corresponden a las Capillas...hagan y fabriquen a su costa bóbeda y entierro para sus hermanos y cofrades". Los miembros de la hermandad se obligan a pagar 250 pesos escudos en doblones.



El órgano actual data del año 1960, encargado a Juan Dourte de la fábrica de órganos Nuestra Señora de Begoña en Bilbao. Es el tercer órgano del que dispone la Iglesia, el primero se compró  en el trienio de 1787 a 1790; el segundo fue adquirido hacia 1830. Ninguno de ellos se conserva. 



Para la colocación del órgano, compuesto por una caja exenta en el centro del coro alto, con fachada de tubos de cinc, hubo que retirar el lienzo de Santa Teresa que ocupaba todo el testero. Es un lienzo de grandes dimensiones (410 x 290 cm.) que representa el Triunfo de Santa Teresa, 1730-1733, de autor anónimo. Hoy día preside la escalera conventual y fue restaurado en 1993.


Fotografía publicada en el libro "El Carmen de San Fernando".



Carillón del coro alto, obra de mediados del siglo XVIII.

Dos carillones se sitúan en las portadas de acceso a las tribunas destinadas a albergar los órganos. Concebido a modo de pequeñas espadañas de dos cuerpos que cobijan tres campanas, mientras que a los lados se hallan dos jarrones con guirnaldas. 



El coro alto se levanta sobre dos tramos de bóveda escarzana con sus respectivos arcos fajones que descansan sobre sencillas ménsulas. Ocupa los dos últimos tramos de la nave central y se prolonga mediante dos tribunas que ocupan el tramo central de la nave, destinadas a albergar los órganos, que no se han conservado.



Las pilastras adosadas a los pilares de sección cuadrangular pasan a tener una planta cruciforme. Si las pilastras acentúan la verticalidad, el efecto de continuidad y horizontalidad lo proporciona el entablamento, donde se sucede un friso con alternancia de triglifos hasta concluir en una airosa cornisa. 



La ornamentación del edificio se vio completada a lo largo del siglo XIX con algunos elementos decorativos, como el dorado de los arcos que comunican la nave central con las laterales y el acceso a la capilla de la Patrona, que fueron encargados por el padre Almeyda entre septiembre de 1890 y julio de 1891, junto con las galerías para las colgaduras que se utilizaban en las solemnidades. 


En la nave del crucero, a la derecha, encontramos la puerta reglar que comunica la iglesia con el convento. Está formada por grandes hojas que muestran una puerta pequeña en cada una de ellas. Están elaboradas en maderas con labores de taracea, prevaleciendo los motivos geométricos entrelazados y el escudo de la orden en cada puerta. Pertenecen a la misma época que el resto de la carpintería del templo, del trienio 1733-1736, durante el gobierno de fray Antonio de la Encarnación.


Sobre la puerta reglar se encuentra intencionadamente colocado uno de los lienzos de mayores dimensiones de la serie de Santa Teresa, éste representa el momento en que la santa va a entrar en la orden, Santa Teresa ingresa en el Carmelo (325 x 275 cm.) Es de autor anónimo. 


Detalle de las puertas pequeñas que hay en las dos hojas de la portada de acceso al convento.  Como hemos comentado anteriormente en ambas aparece el escudo de la orden. El conjunto está enmarcado con molduras sobre los laterales y el dintel donde vuelve a aparecer el escudo de la orden y los símbolos de Santa Teresa.


En la bóveda de la nave del crucero, a derecha e izquierda, encontramos otras de las pinturas murales dedicadas al profeta Elías. Las dos escenas continúan el relato de los dos testigos nombrados en el libro del Apocalipsis por el profeta Elías. 


Resurrección de Elías, hacia 1730-1733, anónimo.

El pintor escenifica al profeta Elías mostrando las llagas de las manos después de haber sido crucificado.


Ascensión y coronación de Elías, 1730-1733.


Se representa al profeta sobre una nube en posición genuflexa y es recibido por Cristo glorioso que le entrega una palma alusiva a su martirio y una corona de laurel como premio. En el fondo aparecen otros ángeles con coronas asistiendo a la escena.



Retablo Mayor realizado en el trienio 1736-1739.


El retablo mayor se compone de sotabanco, banco, cuerpo y ático, siendo su planta totalmente recta y adosada a la cabecera plana del presbiterio. Posee un zócalo de mármoles, y en el banco se encuentra el sagrario, situado en el centro del mismo y rodeado de estípites. Fue este retablo uno de los primeros en usar el estípite como único soporte, sustituyendo el soporte salomónico que se había utilizado en la etapa jerezana anterior. Este retablo pasó a ser modelo para otros, como el del Carmen descalzo de Sanlúcar de Barrameda. 



En ambos lados del banco hay dos puertas de acceso al camarín de la Virgen del Carmen y al manifestador principal. En el retablo barroco la calle central es el eje principal donde se desarrollan los temas fundamentales, el altar, el sagrario, el manifestador y los titulares del templo. 



El comienzo del retablo se lleva a cabo bajo el gobierno de fray Juan de la Virgen, entre 1736 y 1739, encontrándose el banco del mismo elaborado con jaspe en el trienio anterior. Las maderas de cedro para la elaboración del retablo fueron donadas por Francisco Reina y su esposa Juana Margarita Bo. El trazado del retablo sería obra de fray Bartolomé de San Pablo que había hecho el trazado del nuevo convento. 
La última fase de este retablo consiste en el manifestador principal, ejecutado entre 1742 y 1745, que se ha conservado parcialmente. Se trata de un nicho donde se expone su Magestad en manifiesto, que consiste en un sol dorado y plateado, rodeado de nubes y serafines. Posteriormente se hizo el camarín de la Virgen del Carmen. 
El dorado se comienza a hacer una vez acabado el ensamblaje de las piezas y tallado de los relieves, hacia 1769. 


Esquema publicado en el libro "El Carmen de San Fernando".



El sagrario está situado en el centro del banco, sobre la mesa del altar. 


Pintura del Buen Pastor en la puerta del sagrario.


Escudo carmelitano labrado en mármol, en la mesa del altar mayor.


Camarín de la Virgen del Carmen, calle central del cuerpo del retablo. 

La imagen de la Virgen del Carmen que preside el retablo mayor es una de las mejores esculturas del templo. Es una imagen de grandes dimensiones (210 x 111 x 80 cm.) que muestra a la Virgen en una posición entre sentada y erguida, en un trono de nubes y cabezas de serafines alados. Se adelanta un poco la rodilla izquierda donde se apoya el Niño que ella sujeta con la mano izquierda. El brazo derecho levantado portando el cetro y el escapulario. El Niño lleva el escapulario en la mano izquierda y el paño que le cubre parte de la cadera está policromado en tonos rojizos y oro.
El conjunto se complementa con orfebrería como la corona de la Virgen, las potencias del Niño, cetro, media luna y escapularios. En 1863 fue restaurada en su encarnadura. 
La imagen de la Virgen del Carmen se muestra heredera de la estética del taller de Pedro Roldán, que influyó en la escuela sevillana gracias al prestigioso taller que continuaron sus hijos. 
Fue el prior sevillano fray Francisco de la Madre de Dios, en 1742, quien sustituyó la anterior imagen de la Virgen del Carmen por la que vemos en la actualidad en el retablo Mayor.


Las calles laterales del cuerpo del retablo están dominadas por poderosos estípites, entre los que se sitúan repisas para sustentar imágenes. A la izquierda aparecen San Pedro Tomás, patriarca latino de Constantinopla en 1364, murió en 1366, y Santa María Magdalena de Pazzi, carmelita florentina (1566-1607), canonizada en 1669 que porta una cruz sobre el pecho y corona de espinas. Esculturas anónimas realizadas en la misma época del retablo. Son de tamaño natural, de escultor anónimo.


En la parte derecha se sitúan San Cirilo de Alejandría, fue patriarca de Alejandría e intervino en el Concilio de Éfeso (431), y Santa Eufrosina que vivió como anacoreta adoptando el hábito de los ermitaños religiosos.  Todos visten hábitos marrón y capa blanca; todos llevan una cruz menos San Cirilo que porta una pluma en la mano derecha y un libro en la izquierda. 


El manifestador consta de una repisa, a modo de ménsula, sobre la que campea un arco de medio punto que hace de transición entre el cuerpo y el ático; el entablamento se rompe mediante dos volutas que flanquean el manifestador. Su interior está decorado con espejos y molduras doradas. Dispone de una estructura giratoria con una maquinaria que permite la exposición del Santísimo. En la actualidad se encuentra siempre abierto con una imagen del Niño Jesús de mediados del siglo XVIII. Es una talla (62 x 26 x 16 cm.) que muestra al Niño triunfante, bendiciendo con su mano derecha y portando una cruz de plata con banderín en la izquierda con la inscripción: "Propiedad de Dª Eloisa Montero". 
El manifestador cerrado muestra un relieve que representa el ostensorio. 


Detalle de una fotografía publicada en el libro "El Carmen de San Fernando"


El ático está presidido por un grandioso relieve donde se representa a Dios Padre, sentado en un trono de nubes con ángeles y querubines. A los lados, de rodillas, en actitud de adoración aparecen los titulares del templo, San Joaquín y Santa Teresa de Jesús. Este grupo destaca por un mayor barroquismo en el movimiento de las figuras dentro de una composición triangular. La policromía realizada con labores de estofado en oro dan mayor prestancia a las esculturas.



Profeta San Eliseo. 

Situado en el ático del retablo, a la derecha del mismo. Se presenta con una jarra en la mano derecha, alusiva al milagro del cántaro de aceite. Se le representa calvo, en alusión al pasaje del segundo libro de los Reyes en que unos niños se burlan de su calvicie. 



Profeta San Elías.


Situado en el lado izquierdo del ático. Se ajusta a la iconografía habitual del profeta, con túnica marrón ceñida con un cinturón de piel de camello, y capa blanca. Levanta la mano derecha que porta una espada llameante en actitud airada, como defensor del único Dios.


Todo el conjunto está rematado por el escudo del Carmen descalzo, como testimonio de la orden que realiza el retablo. En la bóveda un recuadro contiene una pintura mural con la Virgen del Carmen vestida con el hábito y capa carmelitanos, coronada y portando en la mano izquierda el cetro y en la derecha el escapulario.


A ambos lados del presbiterio se encuentran dos atriles que figuran dos águilas con las alas abiertas. 



Ángel lamparero. Escuela genovesa encargados entre 1763 y 1766.


En los accesos al presbiterio, en el ángulo de las pilastras, se sitúan dos ángeles lampareros de gran belleza. Realizados en madera policromada (150 x 120 x 80 cm.) Presentan una posición simétrica, con un gran dinamismo en actitud de vuelo, con las alas desplegadas y levantando los brazos que sujetan las lámparas. Un extremo del manto oculta la sujeción al muro. Están ataviados con indumentaria guerrera, llevan casco con plumas, coraza con faldellín, manto y una especie de botines con los dedos descubiertos. Las labores de estofado muestran una decoración geométrica y vegetal en la coraza y los botines, mientras que en el resto de la vestimenta es floral. Pertenecen a los talleres de la escuela genovesa en Cádiz. 



Se empleó el mármol para las gradas del presbiterio y en el banco del retablo, como ya se ha comentado. También en las columnas del claustro del convento y en los frontales de altares del mismo, hoy día sustituidos por azulejos sevillanos.



 Figuras talladas en los dos pilares delanteros y traseros, a izquierda y derecha de la balaustrada lateral en las escalinatas de acceso al presbiterio, representando a los cuatro evangelistas. 


Las dos puertas de acceso al presbiterio fueron realizadas en el mismo trienio que el púlpito, entre 1733 y 1736. Es un vano adintelado, de perfiles mixtilíneos, que presenta una banda de decoración vegetal rodeando toda la portada. Este molduraje en mármol negro se continúa por el entablamento totalmente recto que se corona con una cartela conformada con un juego de volutas y una venera interior rematada con el escudo de la orden, a ambos lados dos pedestales. Esta parte es la presenta mayor riqueza de mármoles embutidos, entre los que prevalecen el negro y el jaspe anaranjado.
Sobre esta puerta se halla un lienzo enmarcado en moldura de yesería que representa la Toma de hábito de Santa Teresa (260 x 167 cm.), restaurado en 1987, junto a su compañero, situado al otro lado del presbiterio que representa la Visión de Santa Teresa (260 x 167 cm.)


De mármol jaspeado son las gradas de acceso al presbiterio.


Retablo colateral, del lado de la Epístola, dedicado a Santa Teresa de Jesús. Primer tercio siglo XIX.

Los dos altares colaterales que hay hoy día en la nave del crucero no corresponden a los originales, que se hicieron como el resto de altares del templo, barrocos y con estípites y que desaparecieron. En su lugar se levantaron los actuales de líneas neoclásicas.
Los dos altares colaterales son idénticos, de planta rectilínea, muy habitual en los altares de este periodo neoclásico. El retablo consta de banco, cuerpo y remate. En el banco se sitúa la mesa del altar de forma rectangular. Sobre el banco se alza el cuerpo formado por un arco de medio punto enmarcado por dos columnas corintias de fuste liso. En el centro una hornacina profunda alberga un pedestal con la imagen. El arco está decorado con una sencilla moldura. Sobre el entablamento se levanta el remate que consiste en dos pedestales donde se sitúan dos ángeles sedentes, realizados en madera y telas encoladas, mientras que el centro lo ocupa un resplandor donde aparece el Espíritu Santo rodeado de cabezas de querubines. La policromía imita tonos rojizos jaspeados. Solo aparecen dorados las basas y capiteles de las columnas así como la ráfaga del ático.


Transverberación de Santa Teresa de Jesús, de Felice Buonfiglio, ejecutada entre 1757 y 1760.

Es una de las mejores esculturas del templo, dentro de la iconografía teresiana. La imagen está firmada en la peana, en el lado superior derecho: "F...lice Buonfiglio?...17..." (se han pedido algunos caracteres). La escultura es de tamaño natural (175 x 90 x 74 cm.) y representa una de las escenas más famosas de la vida de la santa que tuvo una gran repercusión en el barroco gracias a la genial creación de Bernini. Está perfectamente reflejado el sentimiento de goce espiritual del éxtasis.  



En el retablo colateral del lado del Evangelio,  se encuentra  la escultura de San José, anteriormente se ubicaba aquí la imagen de San Elías, y en el lado de la Epístola estaba San Juan de la Cruz. A diferencia con el retablo de Santa Teresa, el de San José posee sagrario siendo el resto exactamente igual. 
La escultura de San José es una de las joyas del templo, y puede contemplarse en todo su esplendor tras la restauración de 1994. Esta obra está firmada en la peana: PIETRO GALLIANO SCULTOR GENOVA. Esto hace que sea una de las obras más conocidas de la escuela genovesa en Cádiz. 



San José, de Pietro Galleano, 1733- 1736.

La escultura está realizada en madera de tilo (165 x 90 x 60 cm.). Presenta a San José portando al Niño en su brazo derecho y lleva en otra mano la vara florida. Es una figura de gran dinamismo debido a la postura de sus piernas flexionadas. Los pliegues se ajustan a sus miembros lo que permite un excelente juego de anatomías y vestiduras. Entre San Jsé y el Niño se establece una relación de ternura, por el juego de miradas y la mano del Niño en actitud de acariciar la cara del patriarca.
La calidad de la obra se aprecia en todos los detalles, como el cabello, los pliegues de la túnica, los rasgos del rostro de San José que se ajustan a las características de este escultor genovés, muy influenciado por Maragliano, su maestro. 
La imagen fue encargada por la comunidad contando con las aportaciones de sus bienhechores, en gran parte genoveses. El escultor Pietro Galleano nace en Génova entre 1681 y 1687, y muere en la misma ciudad en 1761. Aparece citado como el mejor alumno de Anton Maria Maragliano. 



En la nave del crucero se encuentran dos urnas con sendas imágenes de Niño Jesús Redentor, de 1730, de la escuela napolitana. En el arte barroco gozaron de gran estima los temas de la infancia de Cristo. 



Nave de la Epístola.

Nave de la Epístola, a la derecha de la nave central del templo. En ella se encuentran cinco altares que veremos con más detalle en las siguientes imágenes. De alguno de ellos se conoce el nombre del ensamblador. Los titulares de estas capillas han cambiado a lo largo del tiempo, por lo que ninguno ocupa su retablo original.
Las naves laterales se cubren con bóvedas de arista separadas por arcos fajones en cada capilla.



Retablo del Niño Jesús de Praga, de 1733. 

Los carmelitas propagaron en la década de los años cuarenta del siglo XX la devoción al Niño Jesús de Praga y a Santa Teresa del Niño Jesús. Esta capilla se encontraba dedicada a San Francisco de Asís, y fue comprada por D. Manuel de Arriaga. El retablo consta de banco, cuerpo y ático, y se encuentra adaptado a un arco de medio punto. En la bóveda está pintado el escudo de los franciscanos. La zona central del cuerpo del retablo fue transformada para albergar la imagen del Niño Jesús de Praga, titular de la archicofradía, en cuyo libro de cuentas aparece el coste del arreglo del altar y la peana del Niño, en 1951. En el ático, un lienzo representa a la Magdalena y a los lados los escudos de D. Manuel de Arriaga, conforme estipulaba el contrato de venta de la capilla.



La figura del Niño Jesús de Praga, obra de Sebastián Santos Rojas (1895-1977), es del año 1953, una de las últimas adquisiciones para el patrimonio artístico carmelitano de la Isla. Realizada en madera (80 x 38 x 28 cm).




En el cuerpo del retablo alternan los soportes salomónicos a los lados de la hornacina central con las delgadas pilastras de los extremos. Las columnas salomónicas decoradas con uvas, y otros aspectos como la policromía y la frontalidad del retablo, responden a las características retablísticas del siglo anterior que aún perviven a principios del setecientos.


Escudo de los franciscanos pintado en la bóveda de la capilla del Niño Jesús de Praga.


Pintura de la Magdalena en el centro del ático del retablo.


Escudo de D. Manuel de Arriaga, propietario de la capilla.



La figura del monaguillo ha estado situada en varios lugares de la Iglesia, en la década de los años sesenta se encontraba a la entrada junto a la pila de agua bendita de la derecha. 


San Nicolás de Bari.


En las repisas laterales se encuentran las figuras de San Nicolás de Bari y de San Martín de Porres. La escultura de San Nicolás de Bari, de tamaño mediano (80 x 43 x 22 cm.) de escasa calidad, muestra la iconografía tradicional del santo, con vestiduras episcopales y la tina a los pies con los tres niños, según el famoso milagro de su vida. Está repintada, fruto de nefastas intervenciones, una de las primeras en el año 1894. Estuvo colocada en el acceso al presbiterio.



San Martín de Porres.



El retablo se asienta en un altar policromado en tonos azules fruto de una intervención posterior, y ostenta en el centro el anagrama de Cristo IHS, rodeado de decoración dorada sobre fondo azul. La zona central está presidida por una hornacina que fue el sagrario del retablo y actualmente alberga una figura de San Francisco de Asís, antiguo titular del mismo. Esta figura ocupa esta capilla desde su donación en 1733 por D.Manuel de Arriaga. A pesar de su pequeño tamaño es una de las piezas maestras del patrimonio escultórico del templo. La obra es de procedencia genovesa, pudiéndose vincular, por las características de la escultura, al taller de Maragliano. 



San Francisco de Asís, 1733.


La escultura presenta una composición muy original, que hace gala del movimiento. Está concebida en gesto de predicación con la boca abierta y los ojos con mirada exhortativa así como la mano derecha con el dedo extendido señalando el crucifijo que porta en la mano izquierda. Es meritoria la labor del escultor en el pelo, la barba y los pliegues del hábito con el cordón anudado como es habitual en la orden franciscana.



Retablo de Santa Teresa de Jesús, primera mitad del setecientos.

El retablo de Santa Teresa del Niño Jesús estuvo dedicado anteriormente a San José, presidiendo la imagen que actualmente se encuentra en el crucero, lugar al que pasó tras la desamortización, ya que en el inventario de 1835 se cita en el crucero y en este retablo se ubicaba San Juan de la Cruz. El retablo se comenzó en el trienio de 1736 a 1739 y fue terminado en el de 1742-1745, con el dorado ya que a la venta de la capilla se expresa que está sin dorar. La venta se realizó en 1742 a Juan José García Mayoral y Josefa Antonia de Berroa. El retablo está policromado en tonos verdes azulados. Los motivos decorativos son de carácter geométrico y vegetal. 


En el ático se sitúa un lienzo de carácter popular con la advocación mariana de origen riojano que muestra a Nuestra Señora de Valvanera; La Virgen se encuentra en un gran tronco en el que se apareció, lleva al niño en el brazo derecho y en la mano izquierda un corazón.



Se suprimen dos jarrones en los extremos, sobre el entablamento, para colocar los escudos de armas de los patronos de la capilla, Juan José García y Josefa Antonia de Berroa.

En los laterales del retablo de Santa Teresa del Niño Jesús, se encuentran dos tallas de pequeño tamaño de Santa Gertrudis la Magna y Santa Teresa de Jesús, de mediados del siglo XVIII. Ambas tallas son obras anónimas y fueron restauradas en 1894.



Santa Teresa de Jesús, mediados siglo XVIII.

Santa Teresa (50 x 26 x 20 cm.) Porta un libro en la mano izquierda y la derecha está levantada y sostenía una pluma. Está en actitud de recibir inspiración divina con los ojos levantados al cielo. Viste indumentaria carmelitana.



Santa Gertrudis la Magna, mediados siglo XVIII.

Santa Gertrudis la Magna (50 x 26 x 20 cm.), abadesa de la orden del Císter, portando el báculo en la mano derecha y el corazón inflamado en la mano izquierda, su atributo característico. Viste hábito de su orden, amplios pliegues y mangas muy anchas. 



Retablo de San Juan de la Cruz, colocado hacia 1741.

Desde su comienzo ha tenido varios titulares. Durante más de doscientos años fue el altar de la Virgen del Carmen. La hermandad había adquirido en 1732 la bóveda para enterrar a sus hermanos. Se obligó a mantener la pintura de la Divina Pastora que fue la anterior titular del retablo (puede observarse en la parte central del ático de la fotografía siguiente).
El primer retablo de la capilla fue adaptado por el Maestro de Carpintero, Juan Joseph Caro. El retablo actual es del año 1741, del maestro ensamblador D. Antonio de la Vega. En 1772 fueron repuestas algunas piezas de talla a cargo del Maestro escultor D. Samuel Hont, que también intervino en la imagen de la Virgen del Carmen. En esta fecha se termina de dorar y pintar por D. Lorenzo Correa.

La imagen de San Juan de la Cruz es una escultura de sencilla y sobria composición. Es de autor anónimo de la escuela andaluza del primer tercio del setecientos, y lo más destacable es la ejecución de la cabeza y las manos. Se completa la imagen con la corona y la pluma de plata, también del siglo XVIII.



Retablo primitivo de la Virgen del Carmen, adquirido por la hermandad en 1732.

El retablo de San Juan de la Cruz tiene la misma estructura que otros laterales del templo. El banco concluye con un gran soporte para la hornacina principal que ocupa la parte central del cuerpo del retablo. La decoración con motivos vegetales resulta armónica. En el espacio de las calles laterales hay repisas para imágenes que actualmente cuentan con dos pinturas de Cristo y la Virgen. 



El ático alberga una pintura de San Juan Nepomuceno donde se lee la inscripción: "S. Juan Nepomuceno patrono de los que peligran en la fama". Es una pintura de mediana calidad de mediados del setecientos. El ático se remata con el escudo de la orden lo mismo que la mesa del altar. El retablo ostenta un nuevo dorado fruto de las intervenciones realizadas con motivo de la coronación de la Virgen del Carmen (1951).



Pinturas en las calles laterales del cuerpo del retablo.



Escudos de la orden situados en la parte alta del retablo y en el altar.



Retablo de Ntra. Sra. de la Salud. Segunda mitad del siglo XIX.

Esta capilla ha ido cambiando de titular y de retablo a lo largo de los años. Estuvo dedicada a Santa Bárbara (1769-1772). De aquel retablo solo se conserva la mesa del altar donde figura el escudo de la hermandad con la torre alusiva a la santa. Se trata de un retablo neoclásico realizado en la segunda mitad del siglo XIX y que junto con los del crucero forman el conjunto de retablos decimonónicos del templo. Realizado en madera, de planta rectilínea con hornacina central rematada en arco de medio punto. A los lados se completa con dos columnas de orden corintio y fuste liso. Se remata con una cornisa y frontón curvo que se adapta a la forma de la capilla. El uso de la madera se impuso en la retablística gaditana, tanto por su tradición como por el menos coste que suponía en comparación con los mármoles. La policromía imita al mármol, predominando los grises y ocres y limitando el dorado a los capiteles y basas de las columnas, así como a la moldura de la hornacina.
La imagen se encuadra dentro de las de vestir o de candelero, realizada en el último tercio del siglo XVIII. Ejecutada en madera (162 x 74 x 56 cm.) Presenta terminadas totalmente las manos y el rostro, así como el Niño en su integridad, colocado en su brazo izquierdo y porta cetro en la mano derecha. Se completa con corona de metal plateado. Los zapatos del Niño y el cetro son de plata.


Escudo de la Hermandad de Santa Bárbara situado en el altar del retablo.


A finales de mayo de 1770 queda establecida la cofradía de Santa Bárbara en el templo, bajo las condiciones de la orden carmelita. Tienen derecho al enterramiento de sus hermanos en la bóveda de la capilla. La Hermandad puede utilizar la iglesia para sus cabildos siempre que no coincidan con el horario de cultos. Aquí se rinde culto a su imagen titular durante tres lustros, ya que en 1785 el real cuerpo de artilleros de Marina decide abandonar la iglesia convento de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús. 



Retablo del Santo Entierro, hacia 1772.


Anteriormente ocupado por la Inmaculada Concepción. Este retablo es el que estuvo en el sagrario, dedicado a Santa Teresa, realizado entre 1733 y 1736, que fue retirado y colocado el actual en 1772. Este retablo es el último de la nave de la Epístola, inmediato a la ventana que cae a la calle. 
Realizado en la década de los setenta del setecientos, ya implanta la rocalla propia del rococó imperante. En el banco se sitúa una urna para albergar la imagen del Santo Entierro. El cuerpo del retablo está dividido en tres calles, la central destinada en primer lugar a la Concepción y luego a la imagen de la Soledad que veneró la hermandad. En los lados hay dos óvalos con relieves enmarcados que representan la Entrega del escapulario a San Simón Stock, a la izquierda, y San Telesforo, a la derecha.  



Entrega del escapulario a San Simón Stock, santo carmelita nacido en Inglaterra y sexto general de la orden en el siglo XIII.


San Telesforo, la imagen muestra a este papa ataviado con la tiara y cruz patriarcal o papal. 
Sobre los dos relieves aparecen símbolos marianos como el ciprés, el cedro o la palmera, que recuerdan su anterior titularidad concepcionista. 


Sobre el entablamento se sitúan dos ángeles mancebos ataviados con vestiduras estofadas. A los lados se sitúan dos pequeños querubines.



La imagen de Cristo Yacente es obra atribuida al escultor del Arsenal de la Carraca, José Tomás de Cirartegui, de 1794,  Muestra influencia de la escuela italiana, concretamente a la genovesa del XVIII, tanto por el modelado, los rasgos anatómicos, el tratamiento del rostro y de la barba, y la policromía. Representa a Jesús difunto y con posterioridad se adaptará para la ceremonia del descendimiento, dentro del tipo de crucificados con brazos articulados, permaneciendo el resto del año en la urna de su capilla. No se puede asegurar que la imagen fuera articulada desde su estado original, pero sí que en un momento dado se articuló hasta que en el siglo XX quedó en el estado que hoy día presenta. El pelo es natural y el único dorado de la imagen, durante un tiempo,  se encontraba en el perizoma que a veces era cubierto con uno de tela; actualmente está pintado de blanco. La imagen fue restaurada por el isleño afincado en Sevilla, Pedro Manzano Beltrán, volviendo al templo el 19 de marzo de 2015.



La imagen de Ntra. Sra. del Mayor Dolor en su Soledad está colocada en la hornacina central del retablo. Es una imagen adquirida en 1974, que representaba a una santa mártir procedente del convento de San Agustín de Cádiz. Fue transformada en Dolorosa por el escultor gaditano Laínez y restaurada posteriormente por Alfonso Berraquero. La imagen puede datarse a mediados del siglo XVIII y conserva sin alteraciones las manos. Destacar la corona que es obra de Hijos de Juan Fernández, dentro del llamado "estilo Arfe"



El ático está presidido por un relieve de perfiles recortados por un juego de volutas. En él se representa a San Cristóbal ante un fondo de paisaje y cabezas de querubines pintado al óleo. El santo lleva sobre sus hombros al Niño Jesús y se apoya en un bastón que a veces puede ser una palmera, en el momento de atravesar un río con el Niño a cuestas, según aparece en el relato legendario de la "Leyenda Dorada" de Jacobo de la Vorágine, siglo XIII.



En las columnas que separan las distintas capillas vamos encontrando las escenas del Vía Crucis. 



En uno de los lados del crucero, en el lado del Evangelio, se sitúa la capilla del Sagrario, dedicada en la actualidad a la Virgen del Carmen Coronada, patrona de la Isla y de la Marina. Es un espacio de planta ochavada conformado por cuatro arcos que se cubren por una bóveda semiesférica sobre pechinas. La capilla está decorada con algunas pinturas, todas al óleo sobre lienzo y realizadas y realizadas casi todas a finales del siglo XIX por encargo del padre Francisco  de Paula Almeyda y Albarrán, quien permanece al cuidado del convento durante la segunda mitad del siglo XIX, concretamente hasta su muerte el 17 de marzo de 1900. Había nacido en San Fernando el 5 de febrero de 1820. 



La bóveda de la capilla está centralizada. Es de estética neoclásica que destaca por su austeridad compositiva y sencillez de formas, que dan como resultado una obra de gran equilibrio y rotundidad volumétrica. Este tipo de capilla centralizada, y especialmente la cubierta, la podemos encontrar en obras posteriores como las capillas laterales, a ambos lados de la cabecera  del Panteón de Marinos Ilustres. 



La ventana que ilumina con luz natural la capilla de Ntra. Sra. del Carmen está decorada con un acristalamiento donde figura la imagen de la titular.



El retablo actual es diferente al que vemos en la siguiente imagen. En éste el cuerpo del retablo está sostenido por cuatro querubines. El cuerpo se encuentra dividido en tres calles de las cuales la central contiene la hornacina donde se alberga la imagen de la Virgen del Carmen. Sobre la hornacina que termina en arco de medio punto, una cornisa adaptada a la forma del arco está decorada en el centro con el escudo de la orden. A los lados se han colocado dos imágenes más pequeñas de Santa Ana y San Joaquín. En el ático un relieve representa la Anunciación.


Retablo anterior de Nuestra Señora del Carmen.

El retablo anterior (636 x 365 cm.) era de estilo neobarroco y fue realizado por el tallista Serafín Jiménez Pérez y dorado por Antonio Martín Fernández. Consta de banco, cuerpo y ático, empleándose el pino de Flandes como material y oro fino para el dorado. El cuerpo consta de tres calles siendo la del centro más ancha que es donde se sitúa la hornacina donde está colocada la imagen de Nuestra Señora del Carmen. 



La imagen actual de la hermandad consta en el primer libro de cabildos el día 29 de julio de 1708. Esta imagen fue regalada por su primer prioste Luis de Ardila, adquirida en Génova. Es una imagen de vestir (159 x 80 x 66 cm.) de las denominadas de candelero, que presenta cuidadosamente talladas las manos y el rostro, así como el Niño en su integridad. Las características de la imagen corroboran su estética dieciochesca, encuadrable en la escuela genovesa por su acentuado clasicismo muy alejado de los gustos de la escuela sevillana de esa misma época. Muchos miembros de la hermandad eran de origen genovés, de ahí que fuera normal la procedencia de la imagen y de sus vestimentas. 
La imagen fue restaurada con motivo de su coronación en 1951 por el imaginero Sebastián Santos, que conservó los rasgos clásicos. A finales de la década de los setenta del siglo XX, el escultor isleño Alfonso Berraquero procede a la limpieza de la policromía que devuelve los tonos originales de la imagen. 


Relieve situado en el ático del retablo de la Virgen del Carmen. Se remata el retablo con una figura del Espíritu Santo rodeado de nubes y cabezas de querubines. 


Detalle de los querubines situados en el banco del retablo en posición de sostener el cuerpo del mismo.


Santa Ana, último tercio siglo XVIII.


San Joaquín, también de finales del XVIII.


Estas dos figuras estuvieron en la cuarta capilla del lado de la Epístola. Se sabe que se donaron junto a la Niña María que no se ha conservado y se hizo la donación al trasladarse la imagen y retablo de Santa Bárbara; también estuvieron en los laterales del retablo de la Virgen de la Salud. Por último aparecían en la nave del crucero, en las pilastras fronteras a la nave principal, sobre repisas. Se trata de dos esculturas de tamaño menor que el natural realizadas a finales del siglo XVIII y que fueron restauradas en noviembre de 1856. Son obras de mediana calidad.   


Ángel lamparero, segunda mitad del siglo XVIII, situado en la capilla del Carmen. Son dos y están colocados a ambos lados. 



 San José, anónimo, siglo XIX.


La pintura (105 x 80 cm.) representa a san José de pie, uniendo su mano derecha con la derecha del Niño. En su mano izquierda porta la vara florida. El fondo de tonos oscuros está aclarado con figuras de querubines. La pintura es una copia de la obra de Esteban Márquez, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que lejos de alcanzar la maestría del original ha dejado un lienzo impregnado del gusto murillesco que imperó en el siglo XIX. 


Divina Pastora, anónimo, siglo XVIII.

La Divina Pastora se encuentra en esta capilla dada su vinculación con la hermandad del Carmen, la cual debía conservar esta advocación al adquirir la anterior capilla de la Pastora en el templo, actualmente dedicada a San Juan de la Cruz. La pintura (104 x 83 cm.) puede encuadrarse a mediados del setecientos. Aparece el ángel con el cayado de la Virgen, que se encuentra sentada, vestida con traje pastoril y sombrero de paja decorado con rosas. Se percibe la influencia de la pintura sevillana del setecientos, especialmente de Domingo Martínez que marcó las líneas que siguieron el resto de pintores. 



A la derecha de la capilla del Carmen se encuentra una puerta de acceso a un lateral del presbiterio y comunica también con la Sacristía.


Caída del maná, anónimo, 1875.

En los dos grandes arcos laterales de la capilla se pintaron dos medios puntos sobre lienzo que representan dos motivos eucarísticos acordes con el lugar donde se encuentran. En el lado izquierdo se sitúa la pintura con el tema Caída del maná, que lleva una inscripción en la parte superior: PANEM DE COELO PRAETITISTI EIS. OMNE DELECTAMENTUM IN SE HABENTEM. Representa el momento en que los israelitas recogen el maná que cae del cielo presididos por Moisés que aparece en el centro. Autor anónimo, año 1875.



Santa Cena, anónimo, siglo XIX.

En el lateral derecho se encuentra la Santa Cena, que sigue la iconografía usual sobre el tema. El autor anónimo ha utilizado la misma gama cromática que en el anterior. 





Placas situadas a la entrada de la capilla de Nuestra Señora del Carmen, una a cada lado, colocadas sobre los pilares que soportan el arco de medio punto. Fueron colocadas como recuerdo de los trescientos años de la creación de la Hermandad.

Las gestiones de la hermandad de Nuestra Señora del Carmen propician la restauración de orden carmelitana en San Fernando que, tras varias tentativas frustradas, se lleva a cabo el 13 de febrero de 1922, quedando establecida una pequeña comunidad que aumenta sus efectivos humanos en los siguiente años, elevando el convento a la categoría de priorato a finales de mayo de 1929. La vida comunitaria volverá a verse alterada en la II República, 1931, por miedo a los ataques incendiarios y nuevamente en 1936. 



El púlpito es una de las obras más elegantes del templo. Está situado en el crucero, al comienzo de la nave central adaptado a las pilastras que configuran las naves. Fue realizado en el trienio de fray Antonio de la Encarnación, entre 1733 y 1736. Se compone de tres partes, el púlpito, la escalera y el tornavoz.



La escalera está realizada en madera de caoba y nogal formando una bella labor de taracea. Consta de dos tramos articulados mediante pilastras, uno recto donde se encuentra la escalera y otro curvo de acceso al púlpito. La decoración es geométrica recordando labores mudéjares. El espacio se recubre con motivos vegetales y el interior de las estrellas con el escudo de la orden y el brazo de Elías.



El púlpito está ejecutado enteramente en mármol predominando los jaspes, blancos, negros y grises. Es de planta exagonal, faltando el que se abre a la escalera. Está decorado con motivos geométricos. En el lado central se encuentra el escudo de la orden dentro de una cartela barroca. El escudo fue restaurado en 1877. El púlpito está apoyado en un pie bulboso con una magnífica labor de taracea, destacando el perfil gallonado en blanco y negro.


Uno de los detalles es el ángel situado junto al púlpito haciendo ademán de entregar una cruz al predicador; es una talla del XVIII, de estética desarrollada por la escuela genovesa en Cádiz. Policromado en tonos suaves, la túnica está estofada y policromada en tonos carmines, y los botines, que dejan ver los dedos, están en tonos azules.  El crucifijo actual es de metal policromado. 


El tornavoz o "sombrero" está realizado también en madera, con decoración geométrica de estilo mudéjar en su interior. Se corona con una pequeña escultura que representa la fe.



Detalle de la escultura situada sobre al tornavoz del púlpito. Es una figura alada que lleva los ojos vendados y porta un cáliz en su mano derecha, siendo la virtud que remata los tornavoces.



En cada una de las pilastras que conforman las naves encontramos un confesionario de madera, decorado con motivos geométricos y rematados en la parte alta con unas volutas y el escudo de la orden. Los primitivos confesionarios, datados en 1741, estaban realizados también en maderas nobles pero no se han conservado. 


En los lunetos de la bóveda central se encuentran las ventanas que permiten la entrada de luz natural y que están acristaladas mostrando en su decoración el escudo de la orden.


Vidrieras sobre el entablamento de la nave central, situadas en cada uno de los lunetos de la bóveda.


Santa Teresa y su hermano Rodrigo leyendo vidas de santos, hacia 1730.

Ubicada en la nave central (211 x 249 cm.),  a la izquierda, de autor anónimo. Fue restaurado en 1993. Inspirada en el grabado primero de la serie seleccionada de Arnoldo van Westerhout, fechados en 1716, que aparecen en la Vida de Santa Teresa de Jesús dedicada a la Princesa de Piombino. 


Santa Teresa y su hermano Rodrigo camino del martirio, hacía 1733-1736. Anónimo.


Representa el momento en que los dos hermanos han abandonado la casa y van por el camino antes de llegar a un puente, luego serían sorprendidos por su tío en los Cuatro Postes y devueltos a su casa. Van vestidos con indumentaria de paseo.


Santa Teresa encomendándose a la Virgen, hacia 1730.


Es el tercer lienzo de la serie (221 x 235 cm.) y parte de del quinto grabado de Westerhout que reproduce fielmente. La escena se desarrolla en un interior  y a la derecha aparece un hueco de puerta por el que puede verse el ataúd con el cuerpo muerto de la madre de la santa, Beatriz Dávila y Ahumada.  Fue restaurado en 1992. 


Patronato de San José sobre la Reforma carmelitana.


Es otra de las pinturas de la serie de Santa Teresa (211 x 257 cm.) Obra anónima, tal vez una de las más bellas del conjunto por su colorido gracias a la restauración llevada a cabo en 1998. En la composición se unen lo circular y lo piramidal. Basada en grabado original de Van Westerhout.


Comunión milagrosa de santa Teresa, hacia 1730. 

Ubicado como el anterior en la nave central. Obra de autor anónimo basada en un grabado de Van Westerhout. La pintura (211 x 259 cm.) representa una de las escenas más famosas de la iconografía teresiana. Fue restaurada en 1998.


Muerte de Santa Teresa de Jesús, anónimo, siglo XVIII.

Es el último lienzo de la serie en el interior del templo (221 x 266 cm.), restaurado en 1992. La santa murió el 4 de octubre de 1582 en el monasterio carmelitano de Alba de Tormes. 


Nave del Evangelio

Situada a la izquierda de la nave central. Los retablos de estas capillas responden a una evolución estilística desde el barroco al rococó. Sorprende que se hayan mantenido en los retablos los titulares originales, excepto el último, dedicado a Santa Rosalía de Palermo en la actualidad y antes a San Juan de la Cruz. Muchos más cambios han sufrido los altares de la nave de la Epístola.


Retablo de Nuestro Padre Jesús Nazareno, comenzado en 1732. Obra anónima.

La primera capilla que encontramos está dedicada a Nuestro Padre Jesús Nazareno. El retablo se asienta sobre un frontal de jaspe colocado en el trienio 1733-1766. El retablo fue costeado por Francisco Bernal, que adquiere también la bóveda de la capilla para enterramiento, como consta en la lápida de acceso a la misma. 
El retablo consta de un gran arco de medio punto rodeado de una orla de decoración vegetal de ampulosa talla que se interrumpe en la parte central por la inclusión del ático y el remate que se prolonga por la cubierta. Se compone de banco, cuerpo y ático, siendo su forma convexa, destacando la calle central que sobresale de las laterales. En el centro una gran ménsula a modo de repisa soporta la hornacina del titular. Las calles laterales constan de sendas repisas para albergar pequeñas imágenes y se cubren con arcos de medio punto. El ático se resuelve con una hornacina central rematada con un penacho de decoración vegetal con la figura del Espíritu Santo en el centro. 


La hornacina es de medio punto y se cubre con un cuarto de esfera a modo de venera. El entablamento se curva en la zona central siguiendo el ritmo que marca la hornacina. La primera referencia a esta imagen tiene lugar en 1685. En 1733 fue renovada su policromía a costa del comprador de la capilla d. Francisco Bernal, encarnándola y vistiéndola de nuevo a su costa. Se demuestra la devoción que muestran los devotos a esta imagen por el número de regalos que se le hacen, tanto de túnicas como de juegos de potencias y telas para el frontal del altar. Es una imagen de candelero, realizada en madera (159 x 63 x 76 cm.) para ser completada con vestiduras. Está perfectamente acabado el rostro, concebido para llevar pelo natural, las manos y las piernas. Tiene una profunda expresión dramática. La escultura puede encuadrarse en la escuela andaluza de la segunda mitad del siglo XVII, presentando muchas similitudes con las obras realizadas por la Roldana, Luisa Roldán.



San Antonio Abad, primera mitad del siglo XVIII.


La imagen del ermitaño San Antonio Abad (57 x 28 x 17 cm.), al igual que su compañera, es anónima y contemporánea del retablo, ambas de apreciable calidad. San Antonio lleva los atributos propios de su iconografía, el báculo en forma de tau, el cerdo que alude al milagro del mismo, y unas llamas a los pies que hacen referencia a la enfermedad del fuego de San Antón curada por los Antonianos. 


San Francisco de Paula, primera mitad del siglo XVIII.

La imagen del fundador de los mínimos, San Francisco de Paula, (58 x 29 x 17 cm.), presenta el mismo virtuosismo en su elaboración. Lleva bastón en la mano izquierda y en la derecha, porta su atributo más característico, un resplandor con la inscripción: CHARITAS (esta imagen no la lleva en la actualidad pero la tuvo hasta hace poco tiempo). 


Fragmento de una fotografía de finales del siglo XX.


La hornacina del ático, de perfiles mixtilíneos, alberga  una pequeña imagen de la Virgen del Carmen vestida con el hábito de la orden carmelitana. Anteriormente estuvo ocupada por un Niño Jesús Redentor (siguiente imagen), que había estado en el manifestador del Retablo Mayor. 


Niño Jesús Redentor, escuela napolitana, adquirido hacia 1730. Actualmente está situado en la nave del crucero junto a otra figura también de Niño Jesús, en las pilastras a ambos lados del presbiterio.


Losa de la bóveda de enterramiento con inscripción donde figura el nombre de Francisco Bernal García y Luisa Pimentel, su esposa, propietarios de la capilla. Año 1733.



Retablo de la Virgen de los Dolores, realizado entre 1736 y 1739. 


Este retablo se realizó bajo el priorato de fray Juan de la Virgen. La capilla se vende a Alonso de Balbás, comisario ordenador de la marina,  y a su esposa Rita de Barrios, en 1740. Esta capilla pasaría a sus descendientes como figura en la lápida de entrada a la bóveda donde aparece Manuel de Balbás y Barrios, marqués de Gracia Alegre. El retablo se asienta sobre un altar con frontal de mármol negro tallado imitando un mantel y el escudo del titular en el centro. La estructura del retablo se adapta al medio punto de la capilla y la calle central se adelanta a las laterales. Destacan los elementos decorativos dorados sobre fondo rojo oscuro. En el primer cuerpo se sitúa la hornacina que alberga a la imagen titular. La hornacina presenta un arco trilobulado algo rebajado. El entablamento se rompe en la zona central, rematándose con dos grandes volutas que dejan paso a la decoración del ático. 
La imagen de la Virgen de los Dolores se encontraba en el templo con anterioridad a la construcción del retablo. Realizada entre 1730 y 1733, priorato de fray Juan de los Reyes. De autor anónimo italiano. No ha sufrido ninguna restauración y solo consta el pago a un escultor por colocar lágrimas en la imagen. La peana fue dorada en 1891. 



San Joaquín, 1736-1739

En las calles laterales aparecen dos pequeñas figuras, de San Joaquín y Santa Ana, contemporáneas del retablo. Aparecen sentados sobre sillones artísticos que se apoyan en peanas. Destaca la cuidada labor de estofado con motivos vegetales y florales. Las pequeñas proporciones de las imágenes y su elaborada elaboración les confiere un carácter preciosista. 



Santa Ana, 1736-1739



Sobre los estípites se localizan los escudos Alonso de Balbás y Rita de Barrios, patronos de la capilla. 


En el ático preside entre pilastras una gran cartela rematada en corona con el atributo mariano de los Dolores



Losa de entrada a la bóveda, año de MDCCLXXXXV (1795)



Retablo del Cristo de la Salud, realizado entre 1733 y 1736

Es una magnífica joya artística del patrimonio carmelitano, realizado durante el priorato de fray Juan de la Virgen (1736-1739). Se lleva a cabo al mismo tiempo que el retablo mayor, compartiendo con él algunos detalles como el uso de los estípites. Concebido para albergar la imagen de un crucificado. El retablo se asienta sobre una mesa altar de madera tallada de perfil bulboso con el escudo de la orden en el centro. El cuerpo central está ocupado por una hornacina de estructura cruciforme donde predominan las líneas curvas. El ático se fusiona con el cuerpo, con un frontón curvo partido que termina en volutas con el interior avenerado. Se remata con amplia galería ricamente tallada, prolongándose por la cubierta con decoración vegetal y el escudo de la orden. El retablo fue restaurado en su estructura entre 1880 y 1884. 
La imagen del crucificado es una de las obras maestras de la escultura genovesa en Cádiz. Está vinculada a la obra de Anton Maria Maragliano, no solo por las características de la escultura sino por la época en que llega al templo entre 1733 y 1736. Realizada en madera de tilo, representa a Cristo muerto en la cruz, manifestando el cuerpo las huellas de la pasión y sufrimiento de la muerte. Aparece crucificado con tres clavos y sobre una cruz arbórea plana. La cabeza se inclina profundamente hacia la izquierda sobre el pecho. El cuerpo arqueado a la derecha. El tratamiento anatómico es de una perfección absoluta. 


Destaca la puerta del sagrario, procedente de otro retablo y que representa a la Santísima Trinidad (62 x 44,5 x 10 cm.). Esta puerta estuvo colocada sobre una repisa entre las capillas de San Francisco y San Juan de la Cruz, actual de Santa Teresa, en el siglo XIX. Las características de los rostros, las cabezas de los querubines, el tratamiento anatómico y la policromía nos muestran una obra vinculada a los talleres genoveses gaditanos de mediados del setecientos. 



Santa María Magdalena, 1748-1751, escuela genovesa 

A los lados del retablo en sendas hornacinas, se encuentran dos imágenes que se realizaron en el trienio de fray Juan de San Andrés (1748-1751).
A la derecha se encuentra la imagen de la Magdalena (71 x 39 x 20 cm.) que presenta las mismas características estilísticas que la figura de San Juan Evangelista que ocupa el lado izquierdo del retablo. 



San Juan Evangelista, 1748-1751, escuela genovesa

 A la izquierda está San Juan Evangelista (71 x 36 x 20 cm.), que viste según su iconografía, túnica verde y manto rojo. La policromía es muy vistosa, destacan los bordes dorados de la túnica y el manto. Los rasgos del rostro, los ojos de cristal, la talla del cabello, así como la policromía y el dorado, permiten encuadrarlos en la escuela genovesa de mediados del XVIII tan activa en Cádiz.


El retablo se completa con dos ángeles lampareros de mediano tamaño ataviados con vestiduras estofadas como los ángeles situados en el presbiterio y que ya hemos comentado. Otros dos pequeños angelotes se sitúan a los lados de la hornacina del crucificado. 





Retablo de San Antonio de Padua, realizado entre 1748 y 1751.


En la construcción de este retablo se observan distintas fases. En 1733 se dio comienzo a la ejecución realizándose el banco. La decoración inunda el espacio siendo uno de los máximos exponentes del barroco en este templo. La planta es recta o plana, sin el juego de espacios cóncavos o convexos de los retablos anteriores. Está adaptado a un gran arco de medio punto. En el banco se sitúan los pedestales que sirven de soporte a los estípites, éstos profusamente decorados.  En el centro una pequeña hornacina decorada en su interior con espejos alberga una imagen de la Virgen del Tránsito. El centro del cuerpo está ocupado por una hornacina de medio punto con la imagen del titular. 



La imagen del santo franciscano, realizada en madera, es de tamaño mayor que el natural (148 x 46 x 31 cm.). Viste hábito de su orden, con tonos grisáceos oscuros y ciñe la cintura con el cordón de tres nudos, de donde le cuelga el rosario. Lleva al Niño sentado en un libro que sujeta con la mano derecha. En la mano izquierda lleva una rama de lirios, símbolo de pureza y uno de sus habituales atributos. 



El Niño está totalmente desnudo y aparece en la composición bajo un nuevo punto de vista, el movimiento, influencia del barroco.La escultura se complementa con la orfebrería de plata como la corona del santo, las potencias del Niño y la rama de lirios, todo de la misma época de la imagen. Toda la composición puede vincularse con el círculo del escultor napolitano, Pietro Patalano.



Virgen del Tránsito, mediados del siglo XVIII

Realizada en madera (56 x 15 x 14 cm.) es una imagen de vestir que se encuentra recostada sobre una elegante cama de respaldo rococó. 



San Francisco Javier, mediados del siglo XVIII.


Dos imágenes de pequeño tamaño ( 44 x 19 x 17 cm.) se sitúan en las calles laterales del retablo apoyadas en unas peanas que muestran la misma talla que el retablo. Destaca la delicada labor de estofado de las figuras con decoración vegetal. San Francisco Javier vestido con sotana y esclavina con conchas de peregrino que junto al bastón aluden a su carácter de apóstol de la India y del Japón. Se representa con el corazón inflamado, su atributo más característico. 



San Cayetano, mediados del siglo XVIII

Vestido con túnica y capa lleva en los brazos al Niño Jesús cuyo original no se conserva. 


Virgen de África, patrona de Ceuta.

El ático con forma de medio punto, se divide en tres espacios mediante pilastras recubiertas de decoración. En el centro se sitúa un lienzo de la Virgen de África, patrona de Ceuta, como afirma la inscripción que lleva a sus pies. 




Las pinturas murales son de baja calidad y representan milagros del santo en cuatro medallones rodeados de motivos decorativos.


Retablo de Santa Rosalía de Palermo, último tercio del siglo XVIII

La última capilla de la nave del Evangelio está dedicada a Santa Rosalía. El patronato de esta capilla pasó en 1772 al capitán general de la Armada Juan José Navarro de Viana y Búfalo, marqués de la Victoria, cuyo escudo de armas luce en el ático del retablo y su sepulcro. Fue la última venta de patronato de capilla y tuvo lugar el 10 de diciembre de 1772 , fecha en que se otorga la correspondiente escritura en favor de las herederas del marqués de la Victoria para colocar el mausoleo costeado por diversos cuerpos de la Armada. Ignacia y Rosalía Navarro, marquesas de la Victoria y Real Transporte , aceptan el patronato y ofrecen a los frailes del Carmen 300 pesos escudos de a 15 reales de vellón. 

Hasta que pasa a manos de las herederas del marqués, la capilla  estuvo dedicada a San Juan de la Cruz, junto a dos pequeñas imágenes de San José y San Rafael.

En este retablo se aúnan el estilo neoclásico y el rococó más depurado. Realizado en madera policromada imitando mármoles de colores y manteniendo tonos de gusto rococó como los verdes y azulados.
Aproximadamente en 1770 se comenzó a levantar este retablo sobre el banco ya existente, policromado en tonos verdes imitando mármoles. En el cuerpo del retablo se sitúan en los extremos las columnas corintias de fuste liso con imitación de jaspeados. La calle central presenta la misma división que el banco, dividiéndose en tres cuerpos; en el inferior hay una hornacina pequeña, en el cuerpo intermedio la hornacina de la titular y a los lados dos repisas con imágenes. El cuerpo superior recoge un bordado que representa a San Rafael. El entablamento se curva para quebrándose en varias ocasiones. El ático presenta en el arco una tela anudada conformando una guirnalda. En el centro del ático se sitúa el escudo del marqués de la Victoria. 


Bordado, San Rafael, en el cuerpo superior.


Santa Rosalía de Palermo, último tercio del setecientos, escuela italiana.

El retablo está presidido por Santa Rosalía de Palermo (88 x 47 x 30 cm.). Viste túnica de tonos grises muy oscuros, que aluden a su vida austera y de penitencia al retirarse a una gruta cerca de Palermo. Sus atributos son una corona de rosas y un crucifijo. La imagen fue restaurada a finales del siglo XX. Las formas y los detalles nos remiten a la escuela napolitana. 



En la hornacina de la parte inferior del cuerpo del retablo se encuentra una imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.


Escudo del marqués de la Victoria, D. Juan José Navarro, caballero de la orden de San Genaro, Capitán General de la Armada.


San Miguel, último tercio del setecientos, escuela italiana, más cercana a la genovesa.

San Miguel es una talla (50 x 27 x 22 cm.) que muestra al arcángel triunfante sobre el mal personificado en el demonio. La imagen está espléndidamente estofada en oro y policromada. 


San Juan Nepomuceno, último tercio del siglo XVIII, escuela italiana.


El mismo carácter preciosista presenta la imagen de San Juan Nepomuceno (45 x 26 x 22 cm.), uno de los santos más representados de todo el repertorio hagiográfico del convento, ya que hay otras dos muestras con distintos atributos que avalan su rica iconografía. Era invocado por los barqueros en las inundaciones, de ahí su relación con la marina y su presencia en este retablo. Nacido en Bohemia fue canónigo regular de San Agustín en la catedral de Praga. Fue canonizado en 1729 y su culto difundido por Europa por los jesuítas principalmente. 


Sepulcro del marqués de la Victoria. Panteón de Marinos Ilustres.


En esta capilla, debajo de la ventana, se encontraba el sepulcro del marqués de la Victoria, erigido por el Cuerpo General de la Armada y que fue trasladado al Panteón de Marinos Ilustres en 1870, donde se halla actualmente. 



La sacristía fue realizada entre 1748 y 1751, sustituyendo a otra anterior de carácter provisional y completándose con una galería que la comunica con el claustro. Se sitúa detrás de la cabecera del templo. Es una pieza rectangular cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Los tramos separados por arcos fajones que se apoyan en una cornisa sustentada por ménsulas. En el último tramo se divide en dos piezas mediante un muro que llega a la altura de la cornisa. Este muro con dos puertas está rematado por líneas muy movidas. La bóveda está decorada con yeserías. Los lunetos albergan una serie de pinturas sobre lienzo, ocho en total, que representan en su mayoría a santos de la orden. 


En el interior de la sacristía se sitúan las dos cajoneras, que son la mejor expresión del espíritu rococó, realizadas en el el trienio de  fray Sebastián de San Antonio, 1754-1757. Hechas en madera de cedro y caoba. La cajonera principal, situada en el centro de la sacristía y dentro de un gran arco, cuenta con cuatro cajones separados por una puerta central donde encontramos nuevamente el escudo de la orden. La herrería en bronce sigue la misma línea que el trabajo en madera, utilizando el juego de formas cóncavas y convexas, lo que proporciona un movimiento sinuoso y un efecto de claroscuro.



San Juan Bautista, anónimo, siglo XVIII.

 Sobre el arco se ha colocado una cartela con el escudo de la orden, cuando ha sido restaurada la cajonera. En el luneto de la bóveda, sobre el arco de la cajonera, se encuentra una de las pinturas de la sacristía. De autor anónimo de mediados del XVIII. San Juan Bautista, posiblemente realizada en el trienio de 1754-1757, cuando se decora la sacristía. El lienzo de San Juan Bautista parece no guardar relación con la serie de pinturas aquí representadas, aunque parece que hay una vinculación con la comunidad carmelitana. Todas las pinturas de los lunetos tienen las mismas medidas.


Dentro del mobiliario hay que destacar un gran armario destinado a ornamentos litúrgicos. Sus puertas están decoradas con motivos geométricos. Dos armarios empotrados, en la pared de la derecha, donde aparecen las ventanas al patio interior, están realizadas en madera de caoba y también decoradas con motivos geométricos.


Relieve de la Virgen del Carmen Coronada,  Enrique Moreno Bernal, 1998. 


María Magdalena de Pazzi, anónimo, siglo XVIII.


San Alberto de Sicilia, anónimo, mediados del siglo XVIII.


San Cirilo de Alejandría, anónimo de mediados del siglo XVIII.


Retrato del cardenal Delgado y Venegas, de Juan de Espinal. 1780.

Esta pintura se encuentra sobre la puerta de entrada a la sacristía. Es una de las últimas obras de este pintor sevillano. En el lienzo podemos observar en la pilastra del fondo el escudo del cardenal. En su mano izquierda aparece una inscripción: "Al Emmo. y Exmo. Sr. dn. Fra. Delgado y Venegas, gud. Dios ms. as. Presbo. Cardenal Patriarca de las Yndias y Arzobispo de Sevilla. Madrid".


Ubicada en el testero, la otra cajonera presenta la misma estructura, salvo la puerta central con el escudo. Encima hay un pie que sirve en la actualidad de repisa para sostener la imagen de la Virgen del Carmen, "La Callejolera", segunda mitad del siglo XVIII.  De la misma época es la mesa de cálices que se ha restaurado en 1997. El pie es completamente nuevo siguiendo fotografías antiguas, mientras que el tablero es el original, formado por una gran pieza de caoba. 


Puerta de la sacristía desde el pasillo del convento.


El claustro del convento es el centro del conjunto de las dependencias. Comenzado en 1724, como ya hemos comentado, con el trazado de fray Bartolomé de San Pablo, y concluido en 1730. En su estado original solo contaba con la planta baja, añadiéndose el piso alto en 1781 para albergar dependencias conventuales. Dada la importancia de este espacio, se dedicará una entrada en este blog dedicada solo al claustro, dentro de la serie de entradas con la etiqueta de Patios. 

El traslado de los estudiantes de Filosofía de Córdoba a finales de la década de los cuarenta del siglo XX, va a propiciar el inicio de la actividad docente por parte de los carmelitas descalzos de San Fernando. Al quedar libres las dependencias conventuales se plantea el establecimiento del colegio de segunda enseñanza Liceo del Sagrado Corazón. El crecimiento del establecimiento educativo y el mal estado de conservación de las dependencias obligan a realizar un nuevo edificio cuyas obras comienzan en abril de 1969. 
La labor pastoral de los religiosos se amplía con el establecimiento de una parroquia en la Iglesia conventual, erigida canónicamente el 1 de enero de 1960 bajo el título de San Servando y San Germán. Posteriormente, mediante decreto episcopal promulgado el 15 de agosto de 1984, pasa a denominarse con el nombre actual de Nuestra Señora del Carmen. 
En reconocimiento a los servicios prestados por la comunidad se les hizo entrega de la medalla de oro de la ciudad, el 17 de mayo de 1997.


Nocturna de Diego Bernal Bugatto.

Bibiografía: 

"El Carmen de San Fernando", Juan Aranda Doncel y Juan Dobado Fernández, Obra social y cultural Cajasur, Padres Carmelitas descalzos de San Fernando, Ayuntamiento de San Fernando, Córdoba, 1999.

"San Fernando Evocación de un siglo", Joaquín Quijano Párraga, Publicaciones del Sur Editores, San Fernando, 1998.

"La Ciudad de San Fernando", Salvador Clavijo y Clavijo, Premio del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad 1960, Tomo II, 1961.