miércoles, 2 de abril de 2014

CALLE ARGÜELLES



La calle Argüelles comienza en la calle Real y termina en San Juan de la Cruz. Es de un solo tramo y estrecha. Las casas que hacen esquina con la calle Real han sido restauradas añadiendo un piso alto con el retranqueo que les obliga a mantener a la vista las almenas.



En las dos fotografías anteriores podemos ver las almenas de esquina de las dos primeras edificaciones de la calle que han construido el piso alto dejando vistas las almenas de la antigua edificación como ya hemos comentado.


La calle Argüelles está en el barrio del Carmen. 


Rótulo de la calle de los antiguos de hierro. Es de las pocas calles que aún mantiene al comienzo del recorrido y al final este tipo de rótulos.


En la acera izquierda, al comienzo de la calle tenemos un lateral de la edificación de la calle Real en la que hay instalado un restaurante de comida china. En la fachada que queda en esta calle hay dos puertas de dicho local de las que una será salida de emergencia. A continuación vemos la casa nº 1 que tiene planta alta con tres balcones y la fachada de la planta baja presenta la puerta a un lado y dos cierros.


Cierro en la fachada lateral del restaurante que hemos comentado. En esta zona hemos encontrado todos los cierros con el mismo remate terminando la cubierta del mismo.


En la siguiente fachada vemos los cierros rematados de la misma forma. Es una fachada simétrica con cierros en el bajo y balcones en el piso alto. No presenta cornisa divisoria entre ellos.


La casa nº 3 también está restaurada y tiene piso alto con balcón corrido en el que hay un cierro y una ventana. En la fachada de la planta baja queda la puerta a un lado y un cierro.


La casa nº 5 ha construido un piso alto y ha dejado la planta baja como garaje. 


En esta imagen podemos ver las dos únicas edificaciones antiguas que quedan en toda la calle. Son dos viviendas de construcción sencilla. La nº 7 tiene el cierro adornado en el remate como los que ya hemos comentado en otras viviendas.


En esta imagen vemos el remate del cierro con más detalle.


Almena de pilar cuadrado con  moldura al final del pilar y rematada con un cimacio que parte de la moldura curva que remata el pilar y está terminado con una pequeña pirámide. 


Fotografía cedida por Adelaida Bordés, del año 2011. La fachada de la casa donde vivió.


Fotografía cedida por Adelaida Bordés. Año 2011. Comparando con las actuales que hemos hecho hace unos días, en febrero de 2016, no ha habido cambios en esta vivienda.


Imagen tomada desde la calle San Juan de la Cruz. El tráfico rodado está prohibido en este vial salvo para los que tienen que acceder a los garajes y vehículos autorizados.


Fotografía tomada desde la calle San Juan de la Cruz en el año 2014. A la izquierda, en el nº 6 estuvo en ultramarinos de Juan Ramos Alba, un local no muy grande. Sobre este local hay un excelente escrito de Adelaida Bordés en el libro que publicó El Güichi de Carlos titulado Diteros y otras historias cotidianas de la Isla.


Fotografía cedida por Adelaida Bordés del año 2011. Puerta del ultramarinos de Juan Ramos.


Fotografía tomada desde el mismo punto en febrero de 2016. Vemos a la izquierda que se ha restaurado la finca y se ha abierto un centro de estética y una parafarmacia. 


Las almenas que decoran el pretil de esta edificación son parecidas a la que hemos comentado anteriormente pero carece de la moldura en el pilar y posee una moldura sencilla bajo la base y un cimacio sin adorno posiblemente porque lo ha perdido.


Nuevos negocios donde estuvo el ultramarinos de Juan Ramos.


Parte de la casa nº 4 ha quedado en estado ruinoso entre los edificios que la rodean. Esto puede ser debido a la falta de acuerdo entre varios propietarios a la hora de vender una finca heredada. En otras calles hemos observados fincas en parecida situación.


Resto de la fachada 196 en la calle Real.


Parte de una finca que ha quedado entre dos nuevas construcciones. Calle San Esteban. 


Rótulo al final del recorrido.



Imagen de google maps.



La denominación de la calle Argüelles fue aprobada oficialmente el día 25.04.1874
Ya aparece citada en el padrón de fincas isleñas entre los años 1787/1862.
Tuvo los nombres de San Vicente Ferrer o San Vicente, así como el de San Serafín como aparece el 9 de marzo de 1865. En este caso se cambió por duplicidad de la denominación ya que había otra calle con el nombre de San Vicente.

Se tienen noticias de la problemática suscitada, por la proliferación de duplicidades en los nombres de nuestras calles y plazas isleñas. También la carencia de otras denominaciones de diversos viales en nuestra Real Villa y posterior Ciudad de San Fernando, desde los orígenes de su nacimiento como Real Villa de la isla de León el día 11.01.1.766, hasta el año de 1865 en que  se hace cumplir la Real Orden promulgada el día de 24.02.1860. Por tal motivo se acordó en el cabildo anterior (09.03.1865) el corregir todas aquellas anomalías que una comisión al efecto creada, y que detectó en el nomenclator de nuestras calles, paseos y plazas isleñas. Se trató de la primera gran modificación de nuestro callejero local en su historia; aunque por su volumen se trató de la 3ª gran modificación. (Juan José Maruri Niño).



Agustín de Argüelles Álvarez (Ribadesella18 de agosto de 1776 –Madrid26 de marzo de 1844), apodado «el Divino» por su oratoria durante las Cortes de Cádiz, fue un abogadopolítico y diplomático español. Fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la Reina Isabel II.

Hijo segundón de José Antonio de Argüelles y Uría, mayorazgo en Ribadesella, y de Teresa Álvarez González, su segunda mujer.

 Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo y en 1800 se trasladó a Madrid, donde gracias a su dominio del inglés se empleó en la Secretaría de Interpretación de Lenguas. En 1806, el valido de Carlos IVManuel Godoy, le envió a Londres como embajador especial para que trabase conversaciones con el Gobierno británico de cara a plantear una alianza contra Napoleón Bonaparte.
En 1808, a raíz del levantamiento español contra las tropas napoleónicas, regresó a España a requerimiento de su paisano Gaspar Melchor de Jovellanos y se estableció en Sevilla, ciudad no ocupada por los franceses donde tenía su sede la Junta Suprema Central. Fue secretario de la Junta de Legislación, cuyos trabajos anticiparon los de las Cortes de Cádiz, y después diputado por Asturias a dichas cortes, donde participó activamente en la redacción de la primera constitución española, destacando por sus intentos de abolición de la esclavitud y por su oposición al tormento como prueba judicial. Debido a su oratoria vibrante y emotiva sería apodado «el Divino».
Con la vuelta de Fernando VII a España y la restauración absolutista, Argüelles fue enviado como presidiario a Ceuta en 1814 y al año siguiente a la localidad mallorquina de Alcudia, en cuya prisión pasaría cinco años. Rehabilitado tras el pronunciamiento de Riego, fue nombrado ministro de la Gobernación. Después del gobierno liberal se exilió a Inglaterra en 1823 y sobrevivió como bibliotecario de Lord Holland, con quien mantenía amistad desde la embajada especial que había desempeñado en el Reino Unido por órdenes de Godoy dos décadas antes. En el exilio escribió su principal obra teórica: Examen histórico de la reforma constitucional en España, que vería la luz en Londres en 1835.
Tras la muerte de Fernando VII, regresó a España en 1834, participando en la redacción de la constitución de 1837. Fue elegido diputado por Asturias y nombrado preceptor de Isabel II durante su minoría de edad por Baldomero Espartero, tras perder la votación en las Cortes Generales frente a éste para ser elegido regente de España. En 1844 volvió a ser elegido diputado, aunque esta vez por Madrid, ese mismo año falleció en su domicilio de un ataque de apoplejía.
Según los cronistas de la época, el entierro de Agustín Argüelles se convirtió en una de las más impresionantes manifestaciones de duelo que se habían producido en Madrid hasta el momento. Líderes del partido progresista y miembros del partido moderado, junto a no menos de cincuenta mil personas que de manera espontánea acompañaron al féretro, quisieron rendir homenaje a uno de los políticos más relevantes de su tiempo.
Reconforta saber que, en un país tan acostumbrado a entregar al olvido, o a la indiferencia, la memoria de quienes lo han engrandecido, los contemporáneos de Argüelles supieron reconocer el protagonismo del más claro valedor del liberarismo español del siglo XIX.




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