domingo, 18 de noviembre de 2012

CALLE GRAVINA



La calle Gravina comienza en Manuel Roldán, calle del barrio de la Pastora, y termina en la calle Calatrava perteneciente al barrio del Cristo.


Rótulo de la calle al comienzo de su recorrido.


Son muchas las casas que se conservan con la antigua estética aunque también son, para mi gusto, demasiados los bloques de viviendas que han ocupado el lugar de antiguas casas.


Una casapuerta con dos viviendas, muy típico en la Isla.


La fachada de la casa nº 11 es un muro con una puerta de garaje. Detrás hay un jardín.


En el nº 6 hay un patio de vecinos, quizá el único que quede en esta calle, al menos habitado porque hay otro en la esquina con la calle Santa Lucía pero está abandonado.


En la imagen vemos la puerta del patio anterior



 Fotografías de dos de los bloques construidos en esta calle.


Otra vivienda restaurada pero con mejor criterio.


A lo largo de toda la calle hemos encontrado varias fachadas con dos casas colindantes de las mismas características. 


Cierro alto de la casa nº 12


En la esquina con la calle San Rafael encontramos una puerta y una ventana en la fachada lateral de la Taberna del Agua que ocupa un local que hace casi un siglo fue la Carnicería de Gaspar. Esta fachada es la primera que hemos encontrado con almenas en los pretiles. Son almenas de pilar octogonal y rematadas con copa.


En esta foto de la calle San Rafael, en la época en que tuvo el nombre de General Pasquín, podemos ver el local que antes hemos mencionado. A la izquierda se puede leer el letrero del bar el Racimo que hoy día está ocupado por una tienda de productos a un euro. 





Las cuatro fotos anteriores pertenecen a una casa muy grande que tiene fachada a tres calles, Colón, San Rafael y Gravina. Toda su fachada con el mismo tipo de balcones y ventanas. En la parte baja se han instalado diversos comercios. Haciendo esquina con Gravina está la Farmacia de Matute que ya atendía al público a principios del pasado siglo. Esta farmacia ya estaba abierta en 1892, siendo su dueño don Antonio Millán Mascuñana, cuatro años más tarde fue adquirida por don Restituto Matute y en 1912, don Miguel Matute incorporó las accesorias colindantes y mandó construir el local como aún se conserva.



Fotografía de mediados del siglo pasado. Ya vemos que en la esquina con Gravina había otro negocio del que podemos leer "París".  


Esquina donde estuvo el Bar El Racimo que como vemos tenía ventanas a la calle Gravina.


Fachada de la Taberna del Agua en la calle San Rafael. 


En el local donde se encuentra una juguetería hubo una mercería llamada La Perla y anteriormente un estudio fotográfico.






Cuatro fachadas de las mismas características. Portada a un lado y dos cierros, ya sea a la derecha o la izquierda. Normalmente las puertas de dos viviendas que se hallan juntas presentan la misma estética.


Vista de la calle hacia su comienzo desde la calle Churruca.


Fotografía de la primera década del siglo pasado. Fue cuando D. Miguel Matute compró las accesorias junto a la farmacia e hizo la obra que la amplió y decoró como vemos hoy día. Quizá durante la obra trasladó la farmacia a la otra esquina donde podemos ver las letras "UTE", final de Matute. No encuentro sentido a la cama en medio de la calle, quizá fuera un enfermo esperando ser trasladado o un a broma de carnavales.
En esta imagen vemos la calle empedrada y las aceras de losas de Tarifa.


En la esquina de esta calle con Churruca, el donde hoy día vemos un garaje, hubo un puesto de chucherías cuyos dueños eran María y Miguel, según recuerdos de un vecino de la calle.


En la esquina de enfrente a la anterior encontramos la casa que siempre fue la más vistosa, en ella vivió hasta su muerte, el pintor Manuel Hernández Homedes.


Cierro de la casa nº 31


Cierro en alto de la misma vivienda.


Donde estuvo el Colegio de los Moros se construyó la Casa de la Cultura y Biblioteca Municipal que fue inaugurada el día 25 de mayo de 1973.


En esta imagen vemos que el edificio de la Biblioteca y Casa de la Cultura tiene parte de sus instalaciones con ventanas a la calle Churruca.


Puerta de entrada a la Casa de la Cultura.


La casa donde estuvo el Colegio de los Moros, fue, según estudio realizado por el historiador Fernando Mósig Pérez,  de D. Miguel Rodríguez de Carasa, situada en unos terrenos que adquirió a D. Domingo de Olea y Teresa Antonia Echezarreta. La finca era una isleta o manzana delimitada por las calles Rosario o Carretas (hoy Gravina), Santa Lucía, Pozo (hoy Mazarredo) y San Pedro Regalado (hoy Churruca). En la finca edificaría su casa principal en la que colocaría el escudo de armas que ya aparece citado en 1782. 


Antiguo edificio del Colegio de los Moros, haciendo esquina con la calle Churruca. En su portada figuraba el hermoso escudo perteneciente como hemos dicho a D. Miguel Rodríguez de Carasa, comerciante riojano de la carrera de Indias, que lo mandó esculpir y poner en su casa principal en la Isla de León a partir de 1771, sin duda con motivo de su recibimiento como hijodalgo por la Real Chancillería de Granada y la consiguiente licencia para colocar sus armas en sus propiedades. 


Lateral del edificio en calle Churruca.


Escudo de la casa de D. Miguel Rodríguez de Carasa. Pariente cercano del linaje de los Rodríguez de Carasa que lo utilizó más por ostentación social que por corresponderle rigurosamente.


Cabezas esculpidas en los cuatro ángulos de lo que fue el patio de la casa.




Actualmente, a día 1 de diciembre de 2015, el escudo se halla en un patio del Museo Histórico Municipal; fue rescatado con graves desperfectos de un almacén municipal por D. Antonio Sáez Espligares.


Otro de nuevos bloques de viviendas construidos en este vial.


Esta casa de dos plantas que hace esquina con la calle Santa Lucía es antigua.



Fotografía del local donde estuvo la puerta trasera del cine Chamorro. Dicho cine fue construido en los terrenos de una huerta propiedad de la familia Mateo. Cuando cerró,  en el local se puso un almacén de patatas y más tarde lo utilizó como comercio de saneamientos. Hoy día en un garaje privado.



Esta casa ruinosa fue vivienda de varias familias, una especie de patio de vecinos pero  hace años fue abandonada y hoy día presenta este aspecto(2011) Hace esquina con la calle Santa Lucía.


Tres años después de la foto anterior vemos la casa a la que se pintó la fachada y se tapió la puerta. 


Casa nº 38, de estética original. Para mí muy especial porque en ella nació mi padre.


Esta fotografía está publicada en el libro "Calles de la Isla", de don José Carlos Fernández por su originalidad, no es de corte típico isleño pero posee unas características que la hacen especialmente hermosa, la verja, las molduras de la puerta y la hornacina que la adorna.



Hornacina situada sobre la puerta de entrada.


La hornacina recibe luz de la farola que está cercana.



Vistas de la calle desde el final de su recorrido.





Las dos portadas anteriores son las últimas de la acera de los números pares, vemos las chambranas similares, así como los escalones de acceso a la casapuerta. Una decorada con mejor criterio que la otra, especialmente la puerta y la pintura.


Imagen de google maps.

La calle fue conocida popularmente como Carretas y también aparece nombrada como Rosario o del Rosario, nombre anulado por duplicidad en aplicación de Real Orden de 24 de febrero de 1860.  El nombre de carretas aparece en 1865 y fue el 25 de abril de 1874 cuando se aprobó el nombre actual.



El personaje que da el nombre actual a la calle, don Federico Carlos Gravina y Nápoli, duque de Gravina, fue un importante marino, héroe de Trafalgar.  Nacido en Palermo el 12 de agosto de 1756,  y muerto en Cádiz  el 9 de marzo de 1806 a consecuencia de las heridas en la batalla de Trafalgar.  
Capitán General de la Real Armada Española y Caballero de la Orden de Santiago.

Sus padres fueron, don Juan Gravina y Moncada, duque de San Miguel, grande de españa de primera clase y Doña Leonor Napoli y Monteaporto, hija del príncipe de Resetena, igualmente grande de España.
Un tío de Federico, embajador de Nápoles en Madrid, solicitó y obtuvo para su sobrino la entrada en la Real Armada.
El 18 de diciembre de 1775 sentó plaza de guardia marina.
Embarcó por primera vez en el navío "San José". Ascendido a Alférez de Fragata embarcó en la fragata "Clara". 
A medida que iba ascendiendo se ponía al mando de diferentes buques, así estuvo en los jabeques "Pilar", "Gamo" y "San Luis".
En 1780 se le concedió el mando superior del apostadero de la Bahía de Algeciras. 
Como Capitán de Navío embarcó en el "Santísima Trinidad". Más adelante estuvo en la fragata "Juno", el jabeque "Catalán" y la fragata "Rosa". Como brigadier embarcó en la fragata "Paz" y el navío "Paula". 

En la primera parte de su carrera militar y naval estuvo en Argel, Gibraltar, Tolón, Rosas, Santo Domingo, ya en la segunda parte sus hazañas se relacionan con Martinica, Finisterre y Trafalgar,  hazañas que colocaron el nombre de Gravina entre los primeros capitanes de mar. 
Trafalgar contó con el valeroso marino que herido en la batalla y agravadas sus heridas murió el 9 de marzo de 1806 a los 49 años.

Fue enterrado en un nicho de la iglesia del Carmen de Cádiz y sus restos fueron trasladados al Panteón de Marinos Ilustres en 1854.  Aunque D. José Mª Blanca Carlier en un artículo escrito sobre "Gravina, su muerte en Cádiz", defiende que los restos del marino no se trasladaron a San Fernando en esa fecha y permanecieron en la iglesia del Carmen hasta que  en 1869 fueron llevados, por orden del Primer Gobierno establecido en España con ocasión de la Revolución de 28 de septiembre de 1968, al Panteón Nacional de Hombres Ilustres, recién inaugurado en el templo de San Francisco el Grande de Madrid. 
En Madrid permanecieron los restos de Gravina hasta el 28 de abril de 1883, durante el reinado de Alfonso XII, desde cuya fecha reposan definitivamente en el Panteón de Marinos Ilustres. 

Su nombre figura el primero de la lista hecha junto con otros seis generales donde actualmente reposan. 





2 comentarios:

  1. La calle Gravina será siempre para mi la calle "de la Biblioteca"; no la frecuento ahora, pero sí lo hacía, y mucho, cuando vivía con mis padres en el Parque. En sus salas descubrí y me empapé de Asterix y Obelix, y de Tintín.
    En los últimos años, mis visitas han sido a su Sala de Actos, unas veces como "escuchante", y otras como "bailarín", ya que allí hemos celebrados dos finales de curso de mi academia de baile.
    Es una pena que el edificio sea un adefesio, nada que ver con la arquitectura que le rodea. Pero bueno, ya estamos acostumbrados, no?.
    saludos.

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  2. Nos está contando La Isla, paso a paso. Y la verdad es que es de agradecer el esfuerzo para hacerlo, porque yo que, como el anterior comenrarista, visito la Bibliiteca con frecuencia, nunca pude pensar que la calle que pisaba tenía tantas cosas que comentar. Y con tanto arte.

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